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R. Acosta es colaborador de CLAES D3E
en relevamiento periodístico de la información regional.
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El presidente de Brasil, Lula da Silva, consideró que diversos movimientos
sociales, y en especial el ambientalismo, son un obstáculo al desarrollo de
Brasil. En un discurso ofrecido en la inauguración de la primera usina de
biodiesel asociado a alcohol de Brasil, el pasado 21 de noviembre, Luiz Inácio
Lula da Silva improvisó, y quedó en evidencia algunos de sus pensamientos más
profundos.
Comenzó por reconocer que "no sabía" cuáles eran las soluciones para lograr el
crecimiento de Brasil. Estas afirmaciones se enmarcan en una larga polémica
interna dentro de Brasil, donde se ha acusado al gobierno Lula de ser
responsable de la muy baja tasa de crecimiento de la economía. Ante esos
cuestionamientos, que sobre todo surgieron con fuerza en la reciente campaña
electoral, ahora Lula responde que no sabía cuáles eran las soluciones, pero
enseguida propuso que se tomaría unos dos meses para pensar en alternativas.
Enseguida pasó a enumerar lo que considera son los obstáculos para el
crecimiento económico. Esos obstáculos están en los ambientalistas, los permisos
ambientales, los indios, las comunidades quilombolas, los fiscales judiciales y
el tribunal de cuentas. [1]
Sobre los ambientalistas, Lula ahondó todavía más: son personas "que no
quieren que la gente use carbón, que son personas que no quieren que se haga una
termoeléctrica, no quieran una usina nuclear y no tienen dimensión del precio de
la energía eólica, del costo de la termoeléctrica a diesel".
Para completar el desaguisado de declaraciones, el presidente de Brasil prometió
que presentará acciones en un futuro cercano, advirtiendo: “No las tengo, pero
las voy a encontrar porque el país necesita crecer”.
Estas declaraciones parecen constituir el reconocimiento de la débil gestión
ambiental del primer gobierno Lula. Si bien el presidente ha defendido
políticamente a la ministra del ambiente Marina Silva (una reconocida militante
del PT), también es cierto que en los grandes temas de debate nacional, el
Ministerio del Ambiente no logró ganar ninguna batalla. Silva perdió los debates
sobre los transgénicos, no logró fortalecer el control ambiental, debió ceder
ante la polémica trasposición de aguas del Río San Francisco, y ensayó un tímido
programa ambiental frente a la resistida ruta BR 163, entre varias cuestiones
destacadas. Del otro lado, Lula da Silva defendió el ala de economistas
ortodoxos y del agronegocio.
A lo largo de estos años, buena parte de los movimientos sociales reaccionaron
tímidamente frente a estas cuestiones, en especial por la esperanza de que el
Partido de los Trabajadores pudiera encauzar al gobierno Lula de regreso en sus
metas históricas. Eso no ha sucedido.
Pero no sólo se enfrenta el problema de un gobierno que se vuelca a las
prácticas desarrollistas mas convencionales, sino que ahora el presidente Lula
embate contra los movimientos sociales. Si se escucha al Lula que habla sin el
auxilio de un discurso escrito, parece ser que nos encontramos con su verdadero
pensamiento.
A pocos días de realizadas estas declaraciones, más de cincuenta organizaciones
sociales de Brasil han lanzado una declaración repudiando las palabras de Lula.
Las organizaciones se declaran profundamente indignadas por esas afirmaciones,
advirtiendo que las “informaciones del propio gobierno indican que los atrasos
en la tramitación de algunos proyectos de infraestructura se deben a su mala
calidad ambiental, al no cumplimiento de los plazos por parte de los
emprendedores y la insuficiencia de personal y recursos en los órganos públicos
responsables de las licencias” ambientales. Asimismo se señala que “destrabar”
esos proyectos, como reclamó Lula, no debería significar suprimir los derechos o
las garantías legales.
Entre los firmantes de la nota se encuentran las principales redes ambientales de
Brasil, sus organizaciones y centros de investigación más destacados. La nota
subraya que “al atacar a las minorías, el presidente recurre a un pretexto
obviamente inconsistente e comete una justicia innombrable”, y seguidamente
recuerda que “a todos interesa el desarrollo del país, que no es apenas el
crecimiento económico, una lección que se aprendió en tiempo de dictadura”.
Estas declaraciones de Lula da Silva lo muestran atacando a minorías sociales,
convencido de obstaculizar el desarrollo, aunque simultáneamente dice no saber
qué hacer para permitir el despegue económico de Brasil. Parece ser que el
presidente está confundido.
Nota:
[1] Entre sus declaraciones, en
portugués, dijo: “Eu estou me dedicando, em novembro e dezembro, a ver se eu
pego todos os entraves que eu tenho com o meio ambiente, todos os entraves com o
Ministério Público, todos os entraves com a questão dos quilombolas, com a
questão dos índios brasileiros, todos os entraves que a gente tem no Tribunal de
Contas”. Las quilombolas son comunidades negras rurales de fuerte identidad.
Publicado en el semanario Peripecias Nº
25 el 29 de
noviembre 2006. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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