Peripecias Nº 35 - 14 de febrero de 2007

CIUDADANÍA

 

 

Impulsos privatizadores en Internet

 

José da Cruz

 

 

José da Cruz es geógrafo, novelista, y analista en CLAES D3E.

 

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La Red de Redes aparece como un símbolo contemporáneo de libertad para sus usuarios. Sin embargo, en una sociedad donde el dinero manda, manda también sobre la libertad. Es la causa de la batalla que se está librando en los Estados Unidos, y lo que pase allí repercutirá directa o indirectamente sobre todo el tráfico mundial.

 

Decíamos en un artículo reciente que los propietarios de los grandes sitios electrónicos obtenían elevadas ganancias administrando el acceso a contenidos cuyos autores solo reciben una suma según la cantidad de veces que son descargados, y eso, claro está, siempre que no sean gratuitos. Decíamos también que esos grandes sitios favorecen el acceso a contenidos pagados por auspiciantes y por esa razón los motores de búsqueda resaltan determinados resultados. Eso constituye una forma de censura, pero hay otra más amenazante aún.

 

Mientras la mencionada censura ejercida por los grandes sitios estaría de hecho limitada a buscadores y portales de todo calibre, la nueva amenaza equivaldría a un lazo de horca en torno al mismo corazón del cibernauta: la velocidad de descarga de cualquier contenido almacenado en Internet.

 

Esto es grave, y más aún si tenemos en cuenta que se está dando una fuerte y rápida integración entre empresas que brindan servicios de multimedia y otras que trasmiten información de un emisor a un receptor. Las empresas telefónicas entran al negocio de la música o las imágenes, crean portales electrónicos, utilizan sus redes fijas o satelitales para brindar acceso a Internet y a todo lo imaginable. Esto abre campos fértiles para generar disparidades y escasez, y por lo tanto de ganar dinero favoreciendo a unos y perjudicando a otros. ¿Por qué ganar sólo como intermediario de los contactos, si se puede ganar también con los contactos en sí mismos? ¿Porqué ofrecer las mismas condiciones de acceso a productos propios y ajenos?

 

Solo como ejemplo recordemos que AT&T y Verizon gastaron 25 millones de dólares en una exitosa campaña de cabildeo para acceder al lucrativo mercado de la televisión por cable en California con siete millones y medio de usuarios, mercado que el inefable Arnold Schwarzenegger les otorgó en setiembre del año pasado, 2006. Los consumidores temen una suba astronómica en el precio de la suscripción, tal como aconteció con los servicios de teléfonos e Internet de estas mismas compañías. ¿Y qué pasaría si en el futuro se ofreciera un paquete combinado con los tres servicios y si los quieres los tomas y si no los dejas?

 

Vía libre

 

Hay otro aspecto del problema: una cosa es pagar por conexiones de mayor o menor capacidad, que dependen de facilidades estructurales diferentes y tienen también precios diferentes; otra muy distinta es que, bajo condiciones de conexión similares, se establezca un carril preferencial a un costo mayor para ciertos dueños de contenidos, no para quienes se conectan como usuarios finales.

 

Cuando usted contrata un servicio de acceso da por supuesto que el abastecedor simplemente posibilitará que usted llegue adonde le dé la real gana. Ese es el meollo: el acceso a cualquier sitio electrónico bajo condiciones democráticas. Quien quisiera leer nuestra revista Peripecias accederá a ella con la misma facilidad que a La Vanguardia de Barcelona o al Washington Post. Hasta ahora es así, pero hay señales de cambio...

 

Andreas Gustavsson planteaba un ejemplo interesante en la reciente edición de ETC Magasinet: supongamos que el propietario de la banda ancha decida un buen día que habrá dos costos para acceder a los materiales cargados en la Red, uno barato y lento y otro veloz pero a un costo de 100000 dólares por año. La empresa que pague ese servicio podrá ofrecer sus contenidos casi instantáneamente; quien no pague se conformará con velocidades de caracol. Sería posible que La Vanguardia y el Washington Post lo pagasen; es seguro que Peripecias no podría pagarlo.

 

¿Resultado? Los lectores de Peripecias se cansarían de esperar a que bajaran las páginas a su pantalla, estarían desconformes y es probable que muchos de ellos abandonasen a la larga la lectura del semanario. ¿Otro resultado? Los medios con menos recursos desaparecerán o se debilitarán seriamente; los grandes seguirán sumando en el tope de la pirámide, que se parece cada vez más a una aguja. Quienes mantienen en línea páginas personales, sitios de organizaciones locales o medios de comunicación alternativa quedarán obligados a confiar en que sus visitantes tendrán paciencia ante la lentitud del acceso. ¿Más aún? La empresa puede favorecer contenidos propios, en la medida en que sea dueña del acceso a la red y de los productos multimediáticos allí expuestos, y bloquear sitios de competidores u opositores políticos, como ya ha pasado en la lucha sindical en las telecomunicaciones de Canadá. Las posibilidades de censura son muy fuertes; ni hablemos de la uniformización de contenidos y las posibilidades de que las minorías se hagan oír...

 

La pelea y su causa inmediata

 

Hace un par de meses, antes de Navidad, se fusionaron dos gigantes: American Telegraph and Telephone (AT&T) y BellSouth, una de las partes en que fue obligada a dividirse, años atrás, la ITT. La autoridad antimonopólica de los Estados Unidos puso como condición para reconocer la fusión nombrada que todo usuario de Internet estuviera en las mismas condiciones. En resumen: que un blog personal, Yahoo o CNN, gozaran del mismo servicio, y que abastecedores como la nombrada AT&T, Verizon, Comcast o Time Warner AOL no puedan favorecer a clientes que paguen más: Internet será neutral. Las empresas aceptaron mantener esa neutralidad durante los próximos dos años. Después, quién sabe...

 

Esta disposición de, llamémosle así, moratoria de la privatización, fue un triunfo de quienes luchan por la democracia digital representados en la campaña Save the Internet. En USA no hay legislación sobre la utilización neutral de la Red de redes y el Congreso deja el tema en un cajón, pues es muy espinoso. Save the Internet suma individuos, organizaciones y empresas como Google o Microsoft, pues su oportunidad de negocios se vería restringida si se autorizan los tiempos de descarga preferenciales. Nadie hubiera podido comenzar una empresa desde su habitación de estudiante o el garaje de su casa si hubiera estado obligado a recorrer medio mundo para firmar acuerdos con los distribuidores de servicios, dijo un representante de Google.

 

Los organizadores de la campaña se habían propuesto reunir dos millones de firmas y van en 1520000; querían que se enviasen 75000 comunicaciones para hacer presión sobre los legisladores y van en 59000; querían que los activistas interesaran a 500000 personas más y van en 441000. Asociaciones como Free Press, Consumers Union, Consumer Federation of America, American Civil Liberties Union, Afro-Netizen, Feminist Majority o Future of Music Coalition integran una larga lista con personalidades y muchos otros grupos cristianos, culturales, empresariales o políticos.

 

Save the Internet se propone resistir las presiones para privatizar, de una forma u otra, actividades en la Red de redes. Sostienen que hay empresas que ya no quieren que Internet se mantenga como un campo de juego igualitario, sino que pretenden "reservar vías expresas para sus propios contenidos y servicios, o aquellos de las grandes corporaciones que puedan pagar los peajes, y dejarnos a los demás un camino tortuoso y polvoriento". En el sitio electrónico de la campaña hay más detalles.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 35 el 14 de febrero 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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