|
 |
|
|
José da Cruz es geógrafo, novelista, y analista en
CLAES D3E.
¿Desea comentar
este texto? Si es así complete el formulario de comentarios -
seguir
...
|
|
|
|
 |
|
|
|
La Red de Redes aparece como un símbolo contemporáneo de libertad para sus
usuarios. Sin embargo, en una sociedad donde el dinero manda, manda también
sobre la libertad. Es la causa de la batalla que se está librando en los Estados
Unidos, y lo que pase allí repercutirá directa o indirectamente sobre todo el
tráfico mundial.
Decíamos en un
artículo reciente que los propietarios de los grandes sitios
electrónicos obtenían elevadas ganancias administrando el acceso a contenidos
cuyos autores solo reciben una suma según la cantidad de veces que son
descargados, y eso, claro está, siempre que no sean gratuitos. Decíamos también
que esos grandes sitios favorecen el acceso a contenidos pagados por
auspiciantes y por esa razón los motores de búsqueda resaltan determinados
resultados. Eso constituye una forma de censura, pero hay otra más amenazante
aún.
Mientras la mencionada censura ejercida por los grandes sitios estaría de hecho
limitada a buscadores y portales de todo calibre, la nueva amenaza equivaldría a
un lazo de horca en torno al mismo corazón del cibernauta: la velocidad de
descarga de cualquier contenido almacenado en Internet.
Esto es grave, y más aún si tenemos en cuenta que se está dando una fuerte y
rápida integración entre empresas que brindan servicios de multimedia y otras
que trasmiten información de un emisor a un receptor. Las empresas telefónicas
entran al negocio de la música o las imágenes, crean portales electrónicos,
utilizan sus redes fijas o satelitales para brindar acceso a Internet y a todo
lo imaginable. Esto abre campos fértiles para generar disparidades y escasez, y
por lo tanto de ganar dinero favoreciendo a unos y perjudicando a otros. ¿Por
qué ganar sólo como intermediario de los contactos, si se puede ganar también
con los contactos en sí mismos? ¿Porqué ofrecer las mismas condiciones de acceso
a productos propios y ajenos?
Solo como ejemplo recordemos que AT&T y Verizon gastaron 25 millones de dólares
en una exitosa campaña de cabildeo para acceder al lucrativo mercado de la
televisión por cable en California con siete millones y medio de usuarios,
mercado que el inefable Arnold Schwarzenegger les otorgó en setiembre del año
pasado, 2006. Los consumidores temen una suba astronómica en el precio de la
suscripción, tal como aconteció con los servicios de teléfonos e Internet de
estas mismas compañías. ¿Y qué pasaría si en el futuro se ofreciera un paquete
combinado con los tres servicios y si los quieres los tomas y si no los dejas?
Vía libre
Hay otro aspecto del problema: una cosa es pagar por conexiones de mayor o menor
capacidad, que dependen de facilidades estructurales diferentes y tienen también
precios diferentes; otra muy distinta es que, bajo condiciones de conexión
similares, se establezca un carril preferencial a un costo mayor para ciertos
dueños de contenidos, no para quienes se conectan como usuarios finales.
Cuando usted contrata un servicio de acceso da por supuesto que el abastecedor
simplemente posibilitará que usted llegue adonde le dé la real gana. Ese es el
meollo: el acceso a cualquier sitio electrónico bajo condiciones democráticas.
Quien quisiera leer nuestra revista Peripecias accederá a ella con la misma
facilidad que a La Vanguardia de Barcelona o al Washington Post. Hasta ahora es
así, pero hay señales de cambio...
Andreas Gustavsson planteaba un ejemplo interesante en la reciente edición de
ETC Magasinet: supongamos que el propietario de la banda ancha decida un buen
día que habrá dos costos para acceder a los materiales cargados en la Red, uno
barato y lento y otro veloz pero a un costo de 100000 dólares por año. La
empresa que pague ese servicio podrá ofrecer sus contenidos casi
instantáneamente; quien no pague se conformará con velocidades de caracol. Sería
posible que La Vanguardia y el Washington Post lo pagasen; es seguro que
Peripecias no podría pagarlo.
¿Resultado? Los lectores de Peripecias se cansarían de esperar a que bajaran las
páginas a su pantalla, estarían desconformes y es probable que muchos de ellos
abandonasen a la larga la lectura del semanario. ¿Otro resultado? Los medios con
menos recursos desaparecerán o se debilitarán seriamente; los grandes seguirán
sumando en el tope de la pirámide, que se parece cada vez más a una aguja.
Quienes mantienen en línea páginas personales, sitios de organizaciones locales
o medios de comunicación alternativa quedarán obligados a confiar en que sus
visitantes tendrán paciencia ante la lentitud del acceso. ¿Más aún? La empresa
puede favorecer contenidos propios, en la medida en que sea dueña del acceso a
la red y de los productos multimediáticos allí expuestos, y bloquear sitios de
competidores u opositores políticos, como ya ha pasado en la lucha sindical en
las telecomunicaciones de Canadá. Las posibilidades de censura son muy fuertes;
ni hablemos de la uniformización de contenidos y las posibilidades de que las
minorías se hagan oír...
La pelea y su causa inmediata
Hace un par de meses, antes de Navidad, se fusionaron dos gigantes: American
Telegraph and Telephone (AT&T) y BellSouth, una de las partes en que fue
obligada a dividirse, años atrás, la ITT. La autoridad antimonopólica de los
Estados Unidos puso como condición para reconocer la fusión nombrada que todo
usuario de Internet estuviera en las mismas condiciones. En resumen: que un blog
personal, Yahoo o CNN, gozaran del mismo servicio, y que abastecedores como la
nombrada AT&T, Verizon, Comcast o Time Warner AOL no puedan favorecer a clientes
que paguen más: Internet será neutral. Las empresas aceptaron mantener esa
neutralidad durante los próximos dos años. Después, quién sabe...
Esta disposición de, llamémosle así, moratoria de la privatización, fue un
triunfo de quienes luchan por la democracia digital representados en la campaña
Save the Internet. En USA no hay legislación sobre la utilización neutral
de la Red de redes y el Congreso deja el tema en un cajón, pues es muy espinoso.
Save the Internet suma individuos, organizaciones y empresas como Google
o Microsoft, pues su oportunidad de negocios se vería restringida si se
autorizan los tiempos de descarga preferenciales. Nadie hubiera podido comenzar
una empresa desde su habitación de estudiante o el garaje de su casa si hubiera
estado obligado a recorrer medio mundo para firmar acuerdos con los
distribuidores de servicios, dijo un representante de Google.
Los organizadores de la campaña se habían propuesto reunir dos millones de
firmas y van en 1520000; querían que se enviasen 75000 comunicaciones para hacer
presión sobre los legisladores y van en 59000; querían que los activistas
interesaran a 500000 personas más y van en 441000. Asociaciones como Free Press,
Consumers Union, Consumer Federation of America, American Civil Liberties Union,
Afro-Netizen, Feminist Majority o Future of Music Coalition integran una larga
lista con personalidades y muchos otros grupos cristianos, culturales,
empresariales o políticos.
Save the Internet se propone resistir las presiones para privatizar, de
una forma u otra, actividades en la Red de redes. Sostienen que hay empresas que
ya no quieren que Internet se mantenga como un campo de juego igualitario, sino
que pretenden "reservar vías expresas para sus propios contenidos y servicios, o
aquellos de las grandes corporaciones que puedan pagar los peajes, y dejarnos a
los demás un camino tortuoso y polvoriento". En el sitio electrónico de la
campaña hay más detalles.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 35 el 14 de febrero
2007. Se permite la reproducción del artículo siempre
que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas
restricciones. |