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R. Cotarelo mantiene el blog
Palinuro sobre actualidad
española e internacional.
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La muerte de Jean Baudrillard cierra el ciclo que se abrió con la revolución de
mayo del 68, de la que él fue uno de los principales inspiradores. Su pionero
Sistema de los objetos, que es una crítica de la sociedad de consumo,
articulada en términos marxistas, pero yendo ya más allá del marxismo, ve el
consumo de objetos como el fundamento mismo de las relaciones sociales en el
capitalismo. El consumidor es el ser social por excelencia, hedonista y
acomodaticio. El consumo jerarquiza las relaciones sociales, de forma que los
individuos ya no se clasifican por lo que producen (o cómo lo producen) sino por
lo que consumen. Se entiende que la famosa consigna de mayo del 68, Cache-toi,
objet! (¡escóndete, objeto!) era una consigna baudrillardiana, por así
decirlo.
Esta
importancia del consumo de los objetos para el análisis de las relaciones
sociales lo llevó en la Crítica de la Economía política del signo a hacer
un replanteamiento de la concepción clásica y también marxista del valor,
completando las dos clases tradicionales de "valor de uso" y "valor de cambio",
ya inadecuadas para la complejidad contemporánea, con otras dos: el "valor
simbólico" (que reaparece en su obra El intercambio simbólico y la muerte),
el valor de los objetos que determinan la posición social del sujeto (un coche
Mercedes, un chalet en La Moraleja) y el "valor-signo", que es el que determina
el valor del objeto en relación con otros objetos. Una clasificación feliz que
se ha extendido mucho y se ha aplicado a supuestos muy dispares.
Todo esto suena a la Sociedad del espectáculo, obra publicada en 1967 por
Guy Debord, decisiva también en los acontecimientos de mayo del 68 y que influyó
mucho en Baudrillard, animándolo finalmente a un ajuste de cuentas con el
marxismo en El espejo de la producción, donde sostiene que la vieja
crítica marxista a la economía política debe dejar paso a la crítica de la
economía política del signo. El marxismo no puede dar cuenta de la práctica
social "total"; eso sólo puede hacerlo la crítica que él propone y que afecta al
conjunto de la sociedad, con independencia de las clases.
Baudrillard es un francotirador, que no solamente se enfrenta críticamente al
marxismo, sino también al estructuralismo, del que procedía, a Foucault, a quien
se opone radicalmente, a Kant, al modernismo y al posmodernismo. En algún sitio
leí que lo calificaban como "el David Bowie de la filosofía". Y, en verdad,
tampoco es solamente filósofo, sino sociólogo, comentarista político, teórico
del arte (aunque él gustaba de decir que no), fotógrafo de éxito y hasta
"sátrapa" del Colegio de Patafísica, al que accedió en 2001.
Todos sus hallazgos, muchos, muy variados (simulacros, virilidad, transpolítica,
la histeria de la producción, etc.), han servido para elaboraciones de
pensadores y creadores de los más diversos campos y reaparecen donde menos se lo
espera uno. El otro día, cuando el señor
Otegi hablaba de querer
"seducir" a los ciudadanos democráticamente, no podía evitar acordarme de la
seducción de los objetos de Baudrillard. Toda esta máquina conceptual, que no
conforma un sistema, aunque la palabra aparezca en alguna de sus obras de
juventud, toma forma en buena medida en su concepto de la hiperrealidad,
condición básica de la sociedad posmoderna esto es, aquel ámbito en que se
ingresa cuando la conciencia ya no es capaz de distinguir la realidad de la
fantasía y todo se hace simulacro. Su ensayo Simulacro y simulaciones
(con su famosa cita del Eclesiastés) arranca de la fantasía poética de
Borges El rigor de la ciencia, en el que los cartógrafos del Emperador
alzan un mapa del Imperio que coincide exactamente con él pero luego acaba
pudriéndose en jirones. Y dice Baudrillard:
"La abstracción hoy no es ya la del mapa, el doble, el espejo o el concepto. La
simulación no es ya la de un territorio, una existencia referencial o una
sustancia. Se trata de la generación de modelos de algo real que no tiene origen
ni realidad: un hiperreal. El territorio ya no precede al mapa, ni lo
sobrevive. De aquí en adelante, es el mapa el que precede al territorio, es el
mapa el que engendra el territorio; y si reviviéramos la fábula hoy, serían las
tiras de territorio las que lentamente se pudren a lo largo del mapa."
Esta especie de negacionismo, de nihilismo, lo trasladaría luego a sus juicios y
análisis sobre la realidad política del tiempo, cosechando aluviones de
críticas. De la primera guerra del Golfo, Baudrillard, muy coherente con sus
concepciones sobre la hiperrealidad, ("si la sociedad de consumo no produce ya
mitos es porque ella misma es su propio mito"), tenía que decir que "no había
tenido lugar". No en el sentido en que Jean Giroudoux había supuesto que la
guerra de Troya "no tendrá lugar", sino en el de un fenómeno hiperreal dado que,
como tal guerra, no fue la continuación de la política por otros medios, según
la fórmula de Clausewitz, sino la continuación de la falta de política por otros
medios. Más polémica y más criticada fue se caracterización del atentado del
11-S en Nueva York como el "acontecimiento absoluto" y como la muestra del
rechazo a la globalización y no del choque de las civilizaciones, que es la
tesis oficial.
Tengo una especial simpatía por Baudrillard (como muchísima más gente), por su
audacia conceptual, sus juegos de palabras, su aversión a los famosos grandes
relatos, su amor por la paradoja, la penetración de su análisis; y siento
fascinación por su escrito de habilitación L'autre par lui même. Más
arriba, una de sus fotos. Baudrillard tiene un sentido especial para la imagen.
Es muy significativo su juicio sobre Andy Warhol: con él ha dado comienzo la
modernidad y nos ha librado de la estética y del arte.
Jean Baudrillard, un filósofo especial, perfectamente integrado en la tradición
intelectual francesa, crítico del positivismo científico (objeto de los ataques
de Sokal, que lo acusa de no comprender aspectos elementales de la física),
esteta y pensador de suma originalidad. Ya no está aquí, pero sus simulacros
están por doquiera.
Publicado en el blog
Palinuro el 7 de marzo de 2007.
Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 38 el 7 de marzo
de
2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |