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V. Laime Mansilla es especialista de la Dirección
Nacional de Educación Intercultural, Bilingüe y Rural del Ministerio
de Educación de Perú.
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Hoy más que nunca los indígenas del Perú estamos en proceso de reafirmar nuestra
identidad cultural como pueblos para conocernos mucho más (a pesar de ser
indígenas aun no nos conocemos bien). Esto nos permitirá interactuar sin
prejuicios ni menoscabos de adentro hacia fuera, para redefinir nuestros
horizontes y nuestros paradigmas de reivindicación, los que se alimentarán con
los sueños e ideales de millones de cuerpos indígenas diseminados en distintas
partes que vienen haciendo camino y señas para la eclosión de un ideal mucho más
humano, equitativo, solidario y sin rencor; sino capaz de integrar a la sociedad
peruana y reconquistar a los mismos indígenas que viven en distintas
urbanidades, para crecer en número y para vivir bien.
En tal sentido, una aspiración permanente del indígena es que seamos entendidos
en nuestro mundo real sin la necesidad de maquillarnos ni disfrazarnos ante la
sociedad “moderna”. Esto, implica que el estado tenga políticas no de hacer el
favor a los pueblos enclavados en los andes y en los frondosos bosques de
nuestra amazonía; sino, que la atención al indígena sea una obligación y por
derecho, por haber sido los verdaderos propietarios y habitantes del inmenso
territorio sobre el cual habitamos.
Exigimos que no se siga concibiendo de que Lima hace el favor de cobijarnos y
Lima hace el favor de gobernar para los indígenas; sino, buscamos en el futuro a
gobernar en alternancia, en donde nosotros también tengamos la oportunidad de
“equivocarnos” y también la oportunidad de gobernar para los “otros” más.
En este mismo horizonte social se busca por el momento que también los indígenas
tengan la oportunidad de ejercer los más altos cargos en la sociedad no porque
son indígenas, sino porque también en una sociedad democrática el poder se
comparte, de lo contrario se sigue dividiendo a la sociedad en frentes, en la
que otros han nacido para gobernar y otros para ser gobernados.
Si eso continúa, entonces, esta vieja forma de seguir haciendo de la democracia
un cuello de botella obligará a los indígenas a que lleguemos por otros medios
en un futuro mediano. Esto es lo que a menudo se viene discutiendo en las
distintas organizaciones desde lo comunitario hasta en los niveles locales,
regionales y nacional; es decir, hacer un gran movimiento indígena incluso no
solo nacional sino sudamericano.
Si el estado representativo se da cuenta a tiempo y pasamos de la teoría a la
práctica de la solidaridad, el respeto por el otro y fundamentalmente en lo
moral; pues como estado habría cumplido en juntar y generar un clima de armonía
en el variopinto social. No se puede seguir admitiendo a un país con más de 8
millones de indígenas que no tengan la oportunidad de gobernarse asimismo desde
las instancias mas altas de decisión, éstas son las formas mas claras de
inequidad, de marginalidad y de exclusión que puede cometer nuestro estado a
pesar de ser “consciente y letrado”.
Por ello pensamos que no se quiere un gobierno a favor de los indígenas, sino se
exige gobernar entre las distintas racionalidades, para buscar puntos de
armonía, de justicia, en la que nuestra nación como país sea fuerte, con
identidad, distinto, capaz de ser competitivo y de calidad dentro de los
distintos enfoques del desarrollo humano.
En síntesis buscamos que la intercultutralidad no sea un discurso para quienes
ya por historia misma han sido y siguen siendo interculturales; sino para
aquellos que creyendo que son desarrollados atropellan derechos, dignidades de
los pueblos. Una sociedad justa implicaría tener respeto por el otro en sus
propias concepciones y que la interculturalidad no sea unilateral para seguir
sojuzgando a aquellos que con la aparición de la moneda fueron disminuidos; si
fuera el caso se estaría repitiendo la historia “que sólo los indios aprendan a
respetar al otro” y que sean tolerantes frente a los atropellos continuos que se
dan en la vida real de las comunidades indígenas.
Entendemos por ello que, para vivir en armonía, primero los que creen que son
modernos los pongan en la práctica; es decir, no nos miren con pena ni nos
traten de pobrecitos, subdesarrollados, incipientes; sino reclamamos que nos
traten como humanos, como personas, como hombres que podemos transformar nuestra
vida misma y la de los demás para una vida mas justa entre los que creen que han
venido a la tierra a gobernar. Por esto, una forma de empezar con lo
manifestado, sería que el que dirija el INDEPA sea un indígena comprometido
porque se trata de nosotros los que queremos avanzar y no de quienes quieren
hacernos el favor.
Publicado en el 3 de marzo de 2007
en Servindi (Servicio de Información
Indígena).
Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 38 el 7 de marzo
de
2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |