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G. Castro Herrera es un docente e investigador
panameño, Licenciado en Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos,
también es presidente de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de
Historia Ambiental.
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“Estudien, los que pretenden opinar. No se opina con la fantasía, ni con el
deseo,
sino con la realidad conocida, con la realidad hirviente en las manos enérgicas
y sinceras
que se entran a buscarla por lo difícil y oscuro del mundo. [...]
Amemos la herida que nos viene de los nuestros.
Y fundemos, sin la ira del sectario, ni la vanidad del ambicioso. La revolución
crece.”
Martí, José: Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
III, 121: “Crece”. [Patria, 5 de abril de 1894]
La vía más rápida y sencilla para tener acceso a la obra de José Martí la
ofrece, probablemente, el sitio de Internet
www.filosofia.cu/marti. Se trata de
un sitio dedicado a la historia de la filosofía y el pensamiento político en
Cuba, que ofrece una antología mínima de lecturas de Martí, desde su ensayo
juvenil El Presidio Político en Cuba, hasta su inconclusa Carta a
Manuel Mercado, escrita horas antes de su muerte en combate, donde declara
finalmente estar ya, “todos los días”
en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber –puesto que lo entiendo
y tengo ánimos con que realizarlo– de impedir a tiempo con la independencia de
Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa
fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es
para eso. En silencia ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas
que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son,
levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.
(1)
Las lecturas incluyen también su Carta a María Mantilla, la hija
adolescente entonces de la familia que lo alojó por largo tiempo en Nueva York,
y sus Versos Sencillos, ambos ejemplos singulares de su intimidad
afectiva, y de su visión ética de la existencia.
Otras fuentes, más completas, incluyen la antología Política de Nuestra
América, publicada por Siglo XXI en 1977, y sus Obras Escogidas en
tres tomos, publicadas por la Editora Política de La Habana, en 1978. Estas son
publicaciones de mayor interés para la docencia y la investigación. En el caso
de la primera, la mayor limitación de su contenido se ve ampliamente compensada
por el excelente prólogo de Roberto Fernández Retamar, escrito en la mejor
tradición de sus ensayos Calibán y Martí en su (Tercer) Mundo, en
los que la obra martiana aparece referida sobre todo a sus aportaciones a la
construcción de la identidad latinoamericana, y a las luchas anticoloniales y
antiimperialistas del siglo XX. El estudiante de Licenciatura en Humanidades o
Ciencias Sociales que se interese conocer a Martí en su relación con los grandes
problemas contemporáneos de nuestra región encontrará allí valiosa información.
Para quienes se interesan en Martí como tema de postgrado, o desean hacerse de
una visión más completa de su visión del mundo, los tres tomos de las Obras
Escogidas aportarán, en lo cuantitativo, una selección mucho más amplia de
sus textos. Y en lo cualitativo, el lector encontrará una valiosa herramienta de
aproximación al proceso de formación del pensamiento martiano en el ordenamiento
cronológico de los textos, que facilita captar algunas de las relaciones de
interdependencia en el desarrollo de las ideas fundamentales del autor en
materia política, social y cultural.
Aun así, y hasta hoy, la fuente más valiosa para el conocimiento de la creación
martiana siguen siendo los 27 tomos de la edición de las Obras Completas
publicada por la Editorial de Ciencias Sociales de La Habana en 1975. En este
caso, los textos están ordenados por bloques temáticos. Así, el primer bloque
corresponde a Cuba, y se subdivide en grandes subtemas, que abarcan los primeros
cinco tomos: política y revolución, personalidades cubanas, cultura, etc. Los
textos correspondientes a cada tema y subtema, a su vez, están ordenados
cronológicamente, todo ello de acuerdo al esquema de organización dispuesto por
el propio Martí en una carta a su asistente, Gonzalo de Quesada, hoy considerada
como una suerte de testamento literario.
La estructura general de la edición –que se inicia con los trece tomos que
recogen sus textos sobre Cuba, Nuestra América y los Estados Unidos–, tiene la
virtud de resaltar la de la afectividad y el pensamiento del autor. Porque
Martí, Martí fue ante todo un cubano, que desde esa condición optó por ser un
hispanoamericano, y como tal conoció, juzgó y aprendió del mundo que habitó
entre 1853 y 1895, –desde la Hispanoamérica oligárquica, hasta la Gran Bretaña
victoriana, la Indochina y la Argelia que se resistían al colonialismo francés,
y el pujante desarrollo capitalista de los Estados Unidos. Precisamente por
ello, quien desee aproximarse a Martí a partir de esta edición haría bien en
comenzar por los dos últimos tomos, que contienen una síntesis biográfica, el
índice general y un valioso índice temático, que remite a las páginas en que se
hace mención a aquello que pueda interesar específicamente al lector.
Con todo, para el investigador contemporáneo interesado en seguir la formación y
las transformaciones del pensamiento de Martí, esa estructura temática dificulta
ver de un solo golpe, por ejemplo, cómo influyó su experiencia de exiliado en
Nueva York en el desarrollo de sus ideas respecto a los problemas de la
construcción de Estados democráticos en la América hispana, y al proyecto de
liberación de su propia tierra cubana, que tomó forma práctica a lo largo de
esos 14 años. Afortunadamente, el Centro de Estudios Martianos, de La Habana,
viene elaborando una Edición Crítica de las Obras Completas, revisada,
actualizada y comentada con gran detalle, y ordenada cronológicamente, de la que
ya están disponibles al menos los nueve primeros tomos. Esta edición resolverá
facilitará la tarea de conocer y comprender el pensamiento martiano en su
desarrollo, y tendrá gran importancia para las actividades de investigación y
docencia relacionadas con la obra martiana.
Con todo, sea cual sea la edición que se lea, conviene tener en cuenta dos
riesgos característicos que debe enfrentar la lectura de Martí: el anacronismo,
por un lado, y la fragmentación, por otro. Para prevenir esos riesgos, convendrá
recordar siempre recordar que Martí fue, desde el comienzo hasta el fin de su
vida intelectual y política, un liberal militante. Su liberalismo –asumido y
ejercido en la variante más radicalmente democrática de cada etapa de su
desarrollo– le proporcionó el núcleo fundamental de aquella visión del mundo
dotada de una ética acorde a su estructura, que para Gramsci constituía la
definición más precisa de una cultura.
Fue desde esa cultura que supo plantear la crítica más aguda de su tiempo al
Estado Liberal Oligárquico que por entonces se consolidaba en toda nuestra
región, y al imperialismo naciente al que aquel Estado tendía por necesidad a
subordinarse. Desde ella, también, fluye su pensamiento en la nuestra, para
ofrecerle en estos tiempos la raíz desde la cual atender a su advertencia sobre
la forma mejor de estar presentes en el moderno sistema mundial: “Injértese en
nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras
repúblicas.” (2)
Pero, y quizás sobre todo, para asumir ese legado en toda su complejidad –que es
su mayor riqueza–, convendrá también recordar que Martí vivió en carne, hueso y
alma, y fue niño y joven antes de llegar a ser adulto y maduro. Como tal, gozó,
sufrió, y conoció tanto las ansiedades de la incertidumbre como la exaltación
del combate. Su vida –biológica, espiritual, moral– constituye un marco de
referencia indispensable para comprender la formación de su pensamiento, sobre
todo en lo que hace a la extraordinaria maduración y desarrollo del mismo a
partir de 1884, esto es, de los 31 años a los 42 recién cumplidos que tenía en
el momento en que su muerte en combate lo llevó a trascender el plano de la
existencia física, para convertirlo en el amigo, maestro y compañero de todos
los que desde entonces han llegado a conocerlo en nuestra América. Leerlo así,
desde sí mismo, confirma siempre en nosotros la última frase, para siempre
inconclusa, de su carta de despedida a Manuel Mercado: “Hay afectos de tan
delicada honestidad…” (3)
Panamá, abril 7 a 9 de 2007
Notas:
1) Martí, José: Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1975. IV, 167: “A Manuel Mercado. Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de
1895”.
2) Martí, José: Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1975.VI, 18: “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero
de 1891.
3) Martí, José: Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1975. IV, 170: “A Manuel Mercado. Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de
1895”.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 43 el 11 de abril de
2007. Se permite la reproducción del artículo siempre
que se cite la fuente. |