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“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica
McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza! ¿Quién podrá dudar
ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero
los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con
el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria. Si se fusila a los
trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho
tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus
padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de
vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...
¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.”
(Adolf Fischer
“Arbeiter Zeitung, 03/05/1886")
La proclama, lanzada en 25.000 octavillas, culminó en un multitudinario acto el
4 de Mayo de 1886 en la Plaza de Haymarket. Este acto fue el punto álgido de una
serie de manifestaciones iniciadas el 1 de Mayo y que buscaban establecer la
jornada laboral en 8 horas. Los enfrentamientos con la policía dejaron un número
indeterminado de víctimas. La prensa en general apoyó a los represores y publicó
una serie de columnas llamando a enjuiciar a “los anarquistas, rezago de Europa”
que habían convocado la manifestación. El periodista Fischer, junto a 2
colaboradores del Arbeiter Zeitung, también alemanes fueron enjuiciados y
sentenciados a muerte.
Las manifestaciones de los trabajadores en estas duras jornadas tuvieron un
trágico saldo del que no se conoce número exacto. Se habla de miles entre
despedidos, torturados, asesinados y heridos. En su mayoría se trataba de
inmigrantes españoles, alemanes, polacos, italianos, rusos e irlandeses.
Nuestro propio Chicago
Este año se recuerdan los 100 años de la Matanza de la Escuela Santa María de
Iquique y los obreros asesinados el 21 de Diciembre de 1907.
Son nuestros propios mártires, a quienes debemos honrar en la memoria este 1º de
Mayo, Día Internacional del Trabajo.
Era el período presidencial de
Pedro Montt (1906-1910)
y los obreros de las salitreras exigían el término de los salarios a través de
fichas, jornales a tipo de cambio fijo, balanzas para los pesos y medidas para
las pulperías, escuelas para los obreros, indemnización y desahucio, entre otras
peticiones (las condiciones de vida y trabajo eran deplorables). A este
movimiento se sumaron otras oficinas salitreras, entrando en huelga también casi
todo el comercio e industria del norte del país.
Los trabajadores en paro viajaron a la ciudad de Iquique, seis mil de los
huelguistas acamparon en la escuela Santa María el 16 de Diciembre. A medida que
avanzaba la huelga, más y más pamperos se unían a ella, llegándose a estimar en
10.000 (algunos incluso estiman 14.000) hacia el 21 de Diciembre. Este gran
conglomerado de trabajadores pedía al gobierno que actuara de mediador con los
patrones de las firmas salitreras extranjeras (ingleses) para solucionar sus
demandas. Lamentablemente los patrones se negaban a negociar debido a que los
obreros aun no reanudaban sus actividades.
Luego llegan órdenes de Santiago para que los manifestantes abandonaran la
ciudad y regresaran a las salitreras. Los manifestantes se rehusaron, pues
intuían que si regresaban a sus labores, sus peticiones serían ignoradas. Tras
la negativa, las autoridades declararon el Estado de Sitio y las libertades
constitucionales fueron suspendidas gracias a un decreto del intendente que se
hizo publicar en la prensa escrita.
El General Roberto Silva Renard tenía la misión de desalojar a los trabajadores
en huelga. Se señaló a los dirigentes del comité de trabajadores que si no
salían del edificio abrirían fuego contra ellos. Ante la negativa de éstos, el
jefe militar ejecutó la orden de disparar (orden impartida por el Ministro del
Interior Rafael Segundo Sotomayor Gaete). La multitud, desesperada y buscando
escapar, se arrojó sobre la tropa y ésta repitió el fuego al que se le añadió el
de las metralletas. Producto de esta acción murieron trabajadores, esposas e
hijos. El número varía según la fuente y va de 195 a 3600 víctimas, algunos de
los cuales eran soldados que se negaron a disparar.
Este vergonzoso y sangriento episodio de la historia de Chile no debe ser
olvidado, compromete a la ciudadanía en base a la memoria ya que después de esta
matanza obrera fue posible que se dictaran leyes que mejoraron la calidad de
vida de los obreros de las salitreras y marcó la historia política de los
trabajadores chilenos. No es necesario mirar al país del norte este 1º de Mayo,
tenemos nuestros propios héroes y no hagamos como ellos que no señalan con rojo
esta fecha trascendente en la historia de lucha por las reivindicaciones
sociales y laborales.
Es que la lucha de los trabajadores por obtener jornadas acordes con la
humanidad, sueldos justos y tratos dignos aún está lejos de concluir. Las
condiciones actuales son diferentes, es cierto, pero la globalización ha
presentado nuevos desafíos y permite a los trabajadores y dirigentes conocer las
alianzas, las utilidades y proyecciones de sus empleadores y la riqueza que
ostentan, en donde la participación de aquellos es nula.
Publicado en el periódico
ciudadano El Observatodo (Chile),
el 26 de abril 2007.
Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 46 el 2 de mayo
de
2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |