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El tema central de la agenda de la Asamblea Constituyente (AC) va a ser la
definición del tipo de Estado y de su fundamento social, de la que a su vez
derivarán, como eje ordenador, los distintos sistemas de organización estatal,
incluyendo la religión, idiomas y símbolos.
En el debate está la propuesta de Estado "Plurinacional" presentada por al
Movimiento al Socialismo y organizaciones sociales afines. Nuestro propósito es
mostrar las consecuencias para el país de esta propuesta, aparente banal, pero
sobre la cual reina una confusión aún en analistas bien intencionados que la
apoyan de un modo u otro.
La propuesta tiene dos propósitos: uno sociológico-político y el otro
estratégico. El primero es "refundar" el país poniendo como fundamento del
Estado al "etnos" convertido en "nación", interpretado como un acto
"revolucionario" que debe tener como escenario la Asamblea Constituyente que
realizaría en la letra lo que no pudo darse en las calles. El segundo propósito
es estratégico, puesto que cambiando la base sociológica del Estado se pretende
asegurar la "hegemonía" permanente de las "naciones" en la estructura estatal y
de las cuales el MAS se piensa a sí mismo como su instrumento político. De este
modo el MAS podría llevar a cabo los cambios "estructurales" mediante el
"control de todo el poder" por largo tiempo.
El contrasentido entre "unitario" y "plurinacional"
La propuesta del MAS dice a la letra que el Estado debe ser "unitario y
plurinacional". Juntar en una misma fórmula ambas expresiones es no percatarse
de que no es sostenible, o mejor no entender lo que se plantea. "Unitario" es
incompatible con "plurinacional". "Unitario" significa que el poder o el sistema
de decisiones políticas de un país radica en un solo centro, que normalmente se
expresa en los tres poderes del Estado divididos funcionalmente pero no
territorialmente.
Lo "plurinacional" quiere decir que existen varias "naciones" divididas
territorialmente a las cuales no sería congruente negarles constituir poderes
equivalentes a los poderes de un Estado unitario, con lo que se entra en
contradicción con el Estado unitario. Lo "plurinacional" cuadra mejor con un
Estado federal. No existe en el mundo ni un solo Estado "plurinacional" que sea
a la vez "unitario", porque es una contradicción en los términos: es lo uno o lo
otro pero no las dos cosas a la vez.
"Multiculturalismo" y "plurinacionalismo"
A esta primera confusión se suma otra más gravitante, entre lo "multicultural" y
lo "plurinacional". Decir una cosa o la otra no es cuestión de palabras.
Multicultural y multinacional no son palabras equivalentes, como suele entender
mucha gente, incluyendo analistas reputados y organizaciones internacionales.
Peor aún cuando se trata de una Constitución que establece principios, que no
son simples fórmulas verbales sino categorías que tienen peso jurídico-político
en todo el ordenamiento jurídico nacional y que, por ello mismo, adquieren valor
propio en el derecho internacional.
En la propuesta del Poder Ejecutivo a la AC se dice que "somos plurinacionales"
por ser "pueblos indígenas y originarios", mientras que en el texto presentado
en la Plenaria de la AC se dice que el Estado debe ser "plurinacional" que
articule la dimensión "multinacional o multicultural", que aparecen como
intercambiables. La propuesta sólo consiste en afirmaciones y no en
demostraciones argumentadas que justifiquen el paso que de una dimensión a la
otra.
En la literatura corriente más seria, multicultural y multinacional son
categorías distintas. La definición de étnica en términos culturales es ahora
universal, a diferencia de sus connotaciones biológico-raciales del pasado. Lo
que se conoce como el debate sobre el "multiculturalismo" no ha sido un debate
sobre el "multinacionalismo". El debate sobre la actualidad de "nación"
pertenece más bien al ámbito del resurgimiento de las "nacionalidades". Sin
lugar a dudas que existe vasos comunicantes entre ambos ámbitos, pero ello no
quita que sean distintos.
Las etnias como culturas, siempre existieron pero no las "naciones", que son
"invenciones" modernas. Para decirlo brevemente, "nación o naciones" hace
referencia a un "nosotros" construido como comunidad política de pertenencia,
"imaginado" como diría Anderson en su fórmula ya tan conocida de nación "como
comunidad imaginada" de la que sus miembros de sienten formando parte por encima
de sus particularismos; que comparten una historia común, lengua y símbolos de
identidad propia.
Pero quien dice nación dice territorio, que es el Estado moderno territorial.
Aquí territorio es soberanía, atributo del Estado. Ciertamente los textos que
comentamos no van tan lejos pero el camino está abierto cuando se declara que
las "naciones" indígenas tienen "dominio originario" sobre la tierra. Pero es
sobre todo la lógica misma del proceso que puede conducir a que las "naciones"
reclamen el derecho a un territorio soberano y no simplemente al uso de los
recursos naturales. Ciertamente pueden haber "naciones sin territorio" pero es
una anomalía, que sólo puede ser corregida si se les reconoce un territorio
propio, como es el caso de los palestinos.
Esta diferencia entre multicultural y plurinacional está implícita en la actual
Constitución Política que reconoce la pluriculturalidad y multietnicidad del
país, en el marco de un Estado nacional y unitario, a la vez que reconoce la
personalidad jurídica de las comunidades indígenas y a sus autoridades
"naturales". Lo que se pretendería ahora es dar un salto gigantesco y
"revolucionario" convirtiendo lo multicultural en plurinacional, que no es sólo
e cambiar de escala sino de realidades. Existe un consenso en el país, formado
desde fines de los años sesenta, acerca de la evidencia de la diversidad
étnico-cultural. Este reconocimiento ha implicado un cambio fundamental en la
uniformizante visión de país, que había prevalecido desde la fundación de la
república, a otra pluralista sensible a las diversidades. Pero de la pluralidad
se está pasando por exceso al diferencialismo "postnacional" que privilegia la
diferencia, en nombre de la cual se reclama derechos diferenciales. Ya no se
trata sólo de diversidad cultural sino de diferencia entre "naciones".
La afirmación de que las etnias son "naciones" se refuerza con la demanda de
"reordenar" territorialmente sobre la base de los "territorios indígenas" como
un nuevo nivel en la estructura política y administrativa, según las "líneas
geográficas naturales (y) ancentrales", pues abría que corregir sus
"deficiencias actuales", lo que puede abrir otra caja de Pandora de alta
sensibilidad en un país cuyas fronteras internas ya establecidas no son étnicas.
Esta apuesta por el "nacionalismo étnico", distinto del "nacionalismo cívico" en
la base misma del Estado, no sólo está a contraruta de la construcción del
Estado moderno, basado en la igualdad entre todos, sino que reforzará las
tendencias histórica de las republiquetas anteriores a la República, con alto
riesgo de fragmentación político-territorial.
De otra parte, quien dice "nación" dice Estado, como ya lo sabía Mazzini en el
siglo XIX, que decía a cada "nación un estado". Esta consecuencia de tener
Estado propio no es una imputación arbitraria, sino la consecuencia de otro
atributo que reclaman para estas "naciones", que es el derecho a la
"autodeterminación".
Autodeterminación y autonomía
Ambas expresiones, igualmente banalizadas, también pasan por equivalentes e
intercambiables en los textos que comentamos. El derecho a la
"autodeterminación" tiene una significación precisa en el derecho internacional
y en las resoluciones de Naciones Unidas. Autodeterminación es derecho a la
independencia y a constituirse en Estado, como puede leerse en la resolución de
1960 de la Naciones Unidas.
La autonomía, por una parte, puede darse en un Estado no federal, lo que no
ocurre con las "naciones", y no implica "autodeterminación" en el sentido de la
declaración de la ONU. Autonomía es gozar de la facultad de darse normas
propias, pero no derecho a la "secesión", como si se tratara de "naciones".
Lo paradójico es que el MAS por prejuicio político le tema más a la autonomía
departamental por provenir del oriente del país, y que, por ello, en su lugar
proponga la "autodeterminación" indígena, que entraña más riesgos para la
"unidad nacional" que tanto defiende contra las demandas de autonomías. De
cualquier manera en el texto de las "Organizaciones indígenas" ya mencionado y
apoyado por el MAS se dice que las "autonomías indígenas" deben ser entendidas
como un "paso hacia su autodeterminación".
El salto al pasado o confusión de los tiempos históricos
Pero a largo plazo la propuesta es reconstituir el Tahuantinsuyo, lo que sólo
sería posible borrando las actuales fronteras de Chile, Perú, Ecuador, lo que
plantearía grandes problemas geopolíticos y enfrentamientos a escala
internacional, algo que parece no importarles a los que apoyan estas propuestas.
Está claro que "nación" aymara o "nación" quechua, implica que abarca mucho más
que a los aymaras de Bolivia, que en este sentido serían sólo una
"nacionalidad", si así puede llamarse, con respecto a los aymaras o quechuas de
otros países, con los cuales sí tendría sentido que se identificaran como
"nación", como es el caso de varios otras "naciones" del mundo que viven
dispersas en territorios distintos.
También en este sentido, los aymaras continentales constituyen una parte de una
"civilización" mayor, de la que serían una manifestación cultural concreta, en
términos de Braudel. Creer que el futuro está en el pasado, puede terminar
siendo una pesadilla para todos y no es congruente con la marcha del mundo
actual.
Los efectos políticos y constitucionales de la matriz "multinacional"
Decir que el Estado es plurinacional o no es establecer una matriz que a modo de
eje ordenador va a organizar la estructura y las instituciones establecidas por
la Constitución, cambiando el sentido de cada uno de sus principios. Tal es el
caso de las autonomías departamentales, que no serán nunca lo mismo en un Estado
Nacional o en un Estado plurinacional, puesto que en este ultimo caso la
variable étnica definirá sus marcos de funcionamiento.
Uno de los efectos será cambiar la estructura del Estado con la incorporación de
un "cuarto poder" con "hegemonía" indígena; alterar el régimen de derechos;
tener un sistema de representación política dual; contar con nacionalidad y
ciudadanías diferenciadas; dos sistemas judiciales con decisiones
"irrevocables"; un modelo democrático que sería "consensual" o "comunitario",
poco inclinado al respeto por el disenso; un sistema educativo "descolonizado"
más que intercultural; idiomas oficiales y símbolos también etnizados.
En fin lo "plurinacional", al atravesar todo el sistema institucional, se va a
convertir a su vez en principio vinculante en las políticas de Estado y de
gobierno afectando la vida cotidiana de los bolivianos. Es esto lo que está en
juego con esta propuesta que parece anodina, excepto para los que saben lo que
buscan.
La inviabilidad de la propuesta etnicista
La propuesta del Estado "plurinacional" plantea a su vez cuestiones prácticas
que podrían inviabilizarla. En primer lugar, no se dice nada acerca de los
criterios que deban emplearse para reconocer a las "naciones" en Bolivia entre
los más de treinta grupos étnicos existentes, sobre cuyo número además no existe
consenso, y varios de ellos formados de algunas decenas o centenas y en vías de
desaparición. El reconocimiento de algunos de ellos puede motivar a que los
otros grupos étnicos también exijan reconocimiento de que son "naciones" y
terminar de este modo por constituir "micronaciones" sin ninguna viabilidad.
Además su ingeniería sería tan compleja, que simplemente se bloquearía sí misma,
además de que puede desatar fuerzas que pongan en conflicto la unidad del país,
dando pábulo a que además de las "naciones" originarias otras "naciones" no
originarias aleguen también ese derecho, como lo hicieron los "afrobolivianos"
en Sucre reclamando territorio propio. También el hecho de reconocer "naciones"
puede inducir a que cada una de ellas tome en serio su nueva condición,
organizándose en "naciones" con los atributos de una "nación", buscando en un
primer momento replicar las instituciones centrales como tener "gobierno" y
"parlamento" propios; justicia y educación propias, pues varias de las
propuestas ya van en esa dirección.
La inviabilidad puede también producirse por el lado de lo que podríamos llamar
su aceptabilidad por la otra parte del país, que no adheriría a esta propuesta
por sostener una visión distinta de país y de Estado.
Las propuestas que comentamos dejan sin resolver la cuestión clave de la frágil
unidad del país –que el MAS martilla tanto contra los autonomistas– y que puede
ser agravada en un Estado fundado en diferencias "nacionales". La "unidad" no es
nunca el resultado de las diferencias. Convertir las diferencias "étnicas" en
divisiones "nacionales" no es reforzar la unidad sino fragilizarla aún más, con
enorme potencial implosivo.
Con todo, el proceso electoral prematuro va a tener efectos sobre la
disponibilidad de la Constituyente para aprobar un proyecto de Constitución con
esos parámetros conflictivos, a sabiendas de que el Presidente, su gobierno y el
MAS, en una suerte de superposición o desplazamiento de estrategias, están
privilegiando cada vez más ese proceso, lo que quiere decir, entre otras cosas,
no tensionar al país para asegurar la reelección. Esta variable electoral, que
combina muy bien con el pragmatismo del poder para conservarlo, podría moderar
eventualmente los ímpetus del MAS hasta después del proceso electoral, pero con
el costo de descontentar a su propia base social embalada en lo "plurinacional".
No va a ser fácil hacer congruentes promesas muy altas con realidades muy
estrechas, como ya ha ocurrido varias veces y ha creado conflictos internos en
el MAS . Al respecto puede recordarse que el gobierno no siempre ha sido
inteligente en el manejo de dilemas, creando muchas veces tensiones muy fuertes
en el país. En la misma línea de razonamiento, no deja de llamar la atención de
que Bolivia podría ser uno de los escasos países etnizados en el mundoen sus
estructuras políticas y territoriales, con los riesgos ya mencionados.
También es útil subrayar que el debate sobre el multiculturalismo y aún sobre el
multinacionalismo se refiere a minorías étnicas o "minorías en riesgo", como
dice Naciones Unidas, mientras que en el caso de Bolivia "pueblos indígenas y
originarios" son mayorías, según el censo de 2001, lo que quiere decir que mucho
de lo que se afirma en su favor se viene abajo, más aún si el gobierno actual ha
demostrado que puede hacer mucho por ellas en los marcos constitucionales
actuales y que estas mayorías pueden hacer valer su número sin requerir
constituir "circunscripciones indígenas" especiales, que harían emerger
problemas originados por las nuevas "minorías" reales que vivan en esas
circunscripciones indígenas creadas.
Por último, el argumento central que se repite sin cesar, de que hay que acabar
con la discriminación y la descolonización, no es cuestión de principios
constitucionales, como fue el caso del apartheid en Africa que sí formaba parte
del ordenamiento jurídico. En Bolivia son problemas de hecho y de mentalidades
dominantes.
De cualquier manera, la propuesta de Estado "plurinacional" no es analíticamente
defendible; es políticamente de alto riesgo; y moralmente poco responsable por
las consecuencias sobre el país, cuando existen otras vías para enfrentan con
infinitamente menos costos el problema histórico del país.
Una respuesta distinta para la misma pregunta
Sin lugar a dudas que el problema de fondo es el "problema del indio", como
solía decirse antaño, o la "cuestión nacional", más de izquierda, y no se
resuelve declarando "naciones". En el caso de Bolivia podemos señalar dos
principios que deberían orientar el tratamiento del tema. De una parte el
reconocimiento constitucional que ya existe, pero que podría ampliarse o
modificarse sin cambiar de escala, hacia las autonomías indígenas "funcionales"
que les permita preservar su identidad cultural, reconocer sus formas internas
de organización y de autoridad, que serían los interlocutores del Estado en
todos sus niveles. A más largo plazo, desarrollar de manera sostenida un sistema
educativo orientado a reducir a su mínima expresión las discriminaciones
existentes en todas las direcciones, y que son violatorios de los derechos
humanos universales. En la misma dirección puede pensarse, por ejemplo, en
instituir "Consejos de Pueblos Indígenas" que intervengan en decisiones que les
conciernan.
De otra parte, esencialmente mediante políticas públicas de Estado y de gobierno
que en el corto y largo plazo privilegien a los "pueblos indígenas", saldando
una deuda histórica del país, invirtiendo recursos o canalizándolos de manera
eficiente, reduciendo las inaceptables desigualdades étnico-sociales existentes.
Este sería el componente social-integrador del Estado.
Es decir, existe un marco estatal e institucional distinto, que puede ser
llamado Estado unitario, republicano, de derecho, social , y democrático con
autonomías, dentro del cual es posible y necesario encontrar una respuesta
apropiada a la situación inaceptable de los pueblos indígenas, que baje los
riesgos de implosión de la propuesta etnicista de Estado "plurinacional".
Publicado en el Semanario
Pulso, de La Paz (del 4 de al 10
de mayo de 2007). Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 49 el 23 de mayo
de
2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |