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América siguió siendo una
región de enormes contrastes: englobaba algunas de las poblaciones más prósperas
del mundo en América del Norte, pero también algunos de los países más pobres
del planeta en el Caribe y América Latina. Sin embargo, toda la región compartía
un abanico de complejos y acuciantes problemas políticos, sociales y económicos
que afectaban a la realización de los derechos humanos fundamentales.
Estados Unidos, potencia
económica y militar sin rival en la región y en el resto del mundo, continuó
manteniendo un doble discurso sobre los derechos humanos mientras llevaba a cabo
su "guerra contra el terror". Afirmaba ser el principal impulsor de la promoción
de los derechos humanos y el Estado de derecho y, al mismo tiempo, utilizaba
políticas y prácticas que burlaban algunos de los principios más básicos del
derecho internacional. Al comportarse de esta manera, minaba no sólo la
seguridad a largo plazo, uno de cuyos pilares fundamentales es el Estado de
derecho, sino también su propia credibilidad en el escenario internacional.
En ningún lugar fue más
patente la erosión de la credibilidad y la influencia de Estados Unidos que en
Latinoamérica. Un número cada vez mayor de países suramericanos trataron de
desvincularse de las estrategias políticas, económicas y de seguridad promovidas
por Estados Unidos, y las relaciones entre este país y varios gobiernos
latinoamericanos se hicieron cada vez más difíciles. Las tensiones políticas y
las críticas mutuas más intensas se produjeron entre Estados Unidos y Venezuela.
Una de las características
fundamentales de 2006 fue el constante fortalecimiento de los procesos
democráticos y la consolidación de las instituciones democráticas. En 11 países
se celebraron elecciones presidenciales, en algunos casos junto con elecciones
legislativas y estatales. Los traspasos de poder se produjeron de forma
pacífica, pese a las impugnaciones judiciales presentadas por algunos candidatos
perdedores, como en el caso de México. Los observadores estimaron en general que
las elecciones habían sido limpias.
En Cuba, el único Estado de
toda la región con un solo partido, se produjo también un traspaso de poder al
ser nombrado presidente interino Raúl Castro, hermano de Fidel.
El traspaso pacífico del
poder político en tantos países constituyó un éxito notable en una región
asolada por la inestabilidad política y las campañas electorales violentas.
Muchos de los nuevos gobiernos resultaron elegidos en función de programas
electorales contra la pobreza impuestos por electorados cada vez más frustrados
ante el fracaso de las políticas económicas imperantes a la hora de reducir la
pobreza. La consolidación de los procesos democráticos brindó una oportunidad
sin precedentes para que los gobiernos de la región abordaran las persistentes
violaciones de derechos humanos y la pobreza generalizada.
De hecho, después de
decenios de desatender problemas sociales y económicos muy arraigados, se
observaron indicios alentadores de que algunos gobiernos latinoamericanos
empezaban a ir más allá de un compromiso meramente retórico con los derechos
humanos y empezaban a adoptar y aplicar políticas sociales y económicas capaces
de hacer frente a las persistentes desigualdades en la región.
Entre las promesas
formuladas por algunos nuevos gobiernos figuraba la adopción de reformas para
solucionar deficiencias estructurales como la desigualdad en la posesión de la
tierra, la inveterada discriminación en el sistema judicial y la falta de acceso
a los servicios básicos, factores que fomentaban las violaciones de derechos
humanos.
No obstante, los avances se
producían con lentitud y Latinoamérica siguió siendo una de las zonas del mundo
con mayores desigualdades económicas. La pobreza seguía siendo endémica y la
mayoría de las personas seguían viendo negado o limitado su acceso a servicios
básicos como la salud y la educación. A las poblaciones rurales pobres en
especial se les negaba el acceso a la justicia y a los servicios básicos; el
Estado no atendía las necesidades de extensas zonas rurales, sumiendo en el
aislamiento y en la inseguridad a un gran número de personas.
Las elevadas expectativas
corrían el peligro de truncarse debido a que la democracia y el buen gobierno
estaban amenazados por la debilidad crónica de las instituciones y socavados por
la falta de independencia del poder judicial, la impunidad y la corrupción
endémica.
En América, la sociedad
civil siguió desempeñando un papel cada vez más relevante a la hora de
cuestionar la ausencia de rendición de cuentas de los gobiernos y la falta de
acceso de las personas pobres de la región a los servicios públicos y al sistema
judicial. Defensores y defensoras de los derechos humanos constituyeron un
elemento clave de la lucha en favor de los derechos políticos, económicos y
sociales. Su trabajo contribuyó a poner de relieve las desigualdades sociales y
económicas en la región, y tuvieron un papel crucial en la legitimación de la
lucha de los sectores más vulnerables de la sociedad, como los pueblos
indígenas, las mujeres y el colectivo de gays, lesbianas, bisexuales y personas
transgénero.
La oposición popular a los
gobiernos comportó con frecuencia protestas sociales prolongadas y
multitudinarias, que provocaron a menudo acciones represivas por parte de las
fuerzas de seguridad. Por ejemplo, la crisis política registrada en Oaxaca
(México), desencadenada por una huelga general del personal docente, provocó
gigantescas protestas contra el gobernador del estado a lo largo de muchos
meses. Aunque sólo algunos manifestantes recurrieron a la violencia, las
autoridades del estado y sus seguidores reaccionaron, según los informes,
persiguiendo a todas las personas y organizaciones consideradas simpatizantes
del movimiento de oposición.
Conflicto e
inseguridad
Los elevados índices de
delincuencia violenta y la ausencia de seguridad pública continuaron siendo
motivo de honda preocupación social. La pobreza, la violencia y la proliferación
de armas pequeñas –una realidad cotidiana para millones de personas en América–
generaron y perpetuaron entornos en los que abundaban los abusos contra los
derechos humanos.
Los gobiernos solían
recurrir a estrategias represivas de aplicación de la ley para abordar las
consecuencias de la desatención por parte de las autoridades, de la
discriminación y de la exclusión social. Estas políticas acarrearon que las
comunidades pobres se sumieran cada vez más en la violencia y en la inseguridad,
sobre todo en los centros urbanos. En ciudades de Brasil, El Salvador,
Guatemala, Haití, Honduras y Jamaica, las bandas juveniles y de delincuentes
armados representaban una grave amenaza. Varios estados recurrieron cada vez más
al "control" militar de los barrios, dejando a muchos vecinos expuestos a la
violencia tanto de las bandas que dominaban las comunidades como de las fuerzas
represivas del Estado.
Una de las consecuencias más
visibles de las medidas represivas adoptadas por los Estados en materia de
seguridad fue la violencia desenfrenada que se registró en las prisiones de la
región, masificadas y sin control. El fenómeno de las prisiones como lugares
"prohibidos" a las fuerzas de seguridad se propagó por Centroamérica y
Sudamérica. En Brasil, por ejemplo, una banda delictiva cuyos miembros se
encontraban repartidos por varias cárceles de São Paulo organizó motines
simultáneos en unas 70 prisiones del estado. Al mismo tiempo, desde el interior
de las cárceles, los jefes de las bandas ordenaron que se llevaran a cabo
ataques criminales en todo el estado, lo que acarreó la muerte de más de 40
agentes de policía y daños generalizados. La policía mató a más de un centenar
de sospechosos durante los enfrentamientos, y muchas otras personas murieron
como consecuencia de presuntas represalias llevadas a cabo según el estilo de
los "escuadrones de la muerte».
En Colombia, que padecía uno
de los conflictos más enconados del mundo, persistió la crisis humanitaria. Las
fuerzas de seguridad, los paramilitares respaldados por el ejército y los grupos
guerrilleros fueron responsables de numerosos abusos contra los derechos
humanos, incluidos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Defensores y
defensoras de los derechos humanos, sindicalistas y dirigentes indígenas y
comunitarios eran especialmente vulnerables.
Además, el conflicto de
Colombia siguió afectando a los derechos de las personas que vivían en zonas
fronterizas de los países vecinos. En Ecuador, Panamá y Venezuela, las
poblaciones rurales estaban especialmente expuestas a las amenazas de las
fuerzas armadas, tanto gubernamentales como no gubernamentales, y al peligro de
que los grupos armados realizaran reclutamientos forzosos.
"Guerra
contra el terror"
Salieron a la luz más
indicios de abusos sistemáticos y reiterados por parte de Estados Unidos y sus
aliados en el contexto de la "guerra contra el terror", como detenciones
secretas, desapariciones forzadas, reclusión arbitraria y prolongada en régimen
de incomunicación y torturas u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. Al
finalizar 2006, miles de personas seguían privadas de libertad bajo custodia
estadounidense, sin cargos ni juicio, en Irak, Afganistán y Guantánamo (Cuba).
A pesar de varias
resoluciones judiciales adversas, el gobierno de Estados Unidos continuó
utilizando políticas y prácticas que no estaban en consonancia con las normas de
derechos humanos. El Congreso estadounidense, a pesar de que adoptó algunas
iniciativas positivas, dio su aprobación a violaciones de derechos humanos
cometidas por Estados Unidos en la "guerra contra el terror" y transformó malas
políticas gubernamentales en malas leyes nacionales.
En agudo contraste con los
avances registrados en Latinoamérica, se siguió sin pedir responsabilidades a
altos cargos oficiales estadounidenses por las torturas y malos tratos
infligidos a personas detenidas en el contexto de la "guerra contra el terror",
a pesar de existir pruebas de que los abusos habían sido sistemáticos.
El cambio del reparto de
fuerzas que se produjo en el Congreso de Estados Unidos como consecuencia de las
elecciones legislativas de noviembre aumentó las posibilidades de que esta
institución intensificara el control y la investigación de las acciones del
ejecutivo y de que se mejorara la legislación.
Discriminación: avances y retrocesos
La violencia contra las
mujeres siguió siendo un fenómeno generalizado en toda América. Los gobiernos no
hacían respetar las leyes que penalizaban la violencia contra las mujeres en el
ámbito doméstico y en la comunidad, ni facilitaban apoyo y protección a las
víctimas de dicha violencia. La falta de jueces y fiscales especializados en la
violencia de género, así como la carencia de refugios adecuados y suficientes y
de unidades policiales sensibilizadas respecto a las cuestiones de género,
pusieron de manifiesto una ausencia fundamental de voluntad política para poner
fin a la violencia endémica contra las mujeres.
A pesar de la indignación
nacional e internacional, siguió registrándose un patrón recurrente de
homicidios de mujeres en Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras y México,
entre otros países.
No obstante, los derechos de
las mujeres, incluidos los sexuales y reproductivos, ocuparon un lugar destacado
en los planes de las instituciones políticas y de las organizaciones sociales.
En Chile, por ejemplo, las autoridades consiguieron que los tribunales
autorizaran la distribución de la "píldora del día siguiente" a las chicas
mayores de 14 años sin el consentimiento de sus progenitores. En Perú, el
Tribunal Constitucional resolvió que la "píldora del día siguiente" debía ser
accesible a todas las mujeres. En Colombia se despenalizó el aborto para algunos
casos de violación.
Por el contrario, el
Tribunal Constitucional de Ecuador falló que no se debían dispensar tratamientos
anticonceptivos de urgencia, y las autoridades nicaragüenses derogaron la ley
que permitía el aborto en ciertos casos de violación.
En toda la región se
recibieron informes sobre violaciones de los derechos de los pueblos indígenas,
incluidos actos de violencia contra mujeres y niñas. Los pueblos indígenas
siguieron sufriendo un racismo inveterado y tratos discriminatorios. Privadas de
la debida protección de su derecho a habitar y explotar tierras y territorios
cruciales para su identidad cultural y su supervivencia cotidiana, las
comunidades indígenas a menudo se sumieron en una pobreza extrema y unas
condiciones de salud deplorables.
Durante 2006 continuó
creciendo la tendencia hacia una reafirmación de la identidad indígena. Sobre
todo en los países andinos, esta tendencia se reflejó en el surgimiento de los
pueblos indígenas como una fuerza política a escala nacional, como en Bolivia, y
a escala local. De forma paralela a este fenómeno, las divisiones étnicas se
manifestaron cada vez con mayor intensidad en los países andinos que contaban
con un porcentaje mayor de población indígena. En Bolivia, las divisiones
étnicas se agravaron por las demandas de una mayor autonomía de los
departamentos de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, de mayoría no indígena.
La comunidad de lesbianas,
gays, bisexuales y personas transgénero siguió siendo objeto de estigmatización,
discriminación y abusos en muchos países de América, aunque logró también ser
más visible y algo más aceptada, sobre todo en las grandes ciudades.
En Nicaragua continuaron
estando penalizadas las relaciones homosexuales entre hombres y mujeres, y en
algunos países caribeños seguían en vigor diversas "leyes contra la sodomía".
Sin embargo, en algunos países se adoptaron medidas positivas para garantizar la
igualdad ante la ley. Ciudad de México aprobó una ley histórica en la que se
reconocían las uniones entre personas del mismo sexo. En Colombia, el Congreso
estudió un proyecto de ley que, en caso de ser aprobado, concedería a las
parejas homosexuales los mismos derechos en materia de seguridad social que a
las parejas heterosexuales.
Reducción
de la impunidad
Varios países
latinoamericanos se enfrentaban a una penosa herencia de violaciones de derechos
humanos cometidas en el pasado. Las cuestiones relacionadas con la justicia, las
reparaciones y el conocimiento de la verdad ocupaban un lugar destacado entre
los objetivos de la sociedad civil, del poder judicial y de algunos gobiernos, y
se emprendieron acciones contra varios ex altos cargos.
En Argentina, Miguel
Etchecolatz, ex director de investigaciones de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires, fue declarado culpable de asesinato, torturas y secuestros
cometidos durante el periodo del gobierno militar (1976-1983) y condenado a
cadena perpetua en septiembre. Los tres magistrados encargados de la causa
resolvieron que había sido responsable de crímenes de lesa humanidad perpetrados
en el contexto de un genocidio.
En Chile, al ex presidente
peruano Alberto Fujimori se le concedió en mayo la libertad bajo fianza, en
espera de una decisión de la Corte Suprema de Justicia de Chile sobre su
extradición a Perú para ser juzgado por cargos de corrupción y violaciones de
derechos humanos. La Corte Suprema resolvió que no podía abandonar el país y
ordenó que permaneciera bajo arresto domiciliario hasta que se adoptara una
decisión.
En México siguieron sin
tener un resultado positivo las acciones judiciales emprendidas contra ex altos
cargos acusados de crímenes de lesa humanidad cometidos en los años sesenta,
setenta y ochenta. En noviembre, sin embargo, un tribunal federal ordenó que se
volviera a detener al ex presidente Luis Echeverría para ser juzgado por el
cargo de genocidio en relación con la matanza de estudiantes perpetrada en la
plaza de Tlatelolco en 1968.
En noviembre, un juez
uruguayo ordenó la detención y el enjuiciamiento del ex presidente Juan María
Bordaberry (1971-1976) y del ex ministro de Asuntos Exteriores Juan Carlos
Blanco. Los cargos de que se los acusaba estaban relacionados con los homicidios
de los parlamentarios Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz y de Rosario
Barredo y William Whitelaw, miembros del grupo guerrillero tupamaro Movimiento
de Liberación Nacional, cometidos en Argentina en 1976. La decisión judicial fue
objeto de un recurso de apelación.
La muerte del ex presidente
chileno Augusto Pinochet el 10 de diciembre, antes de que fuera juzgado por las
atrocidades perpetradas durante sus 17 años de gobierno, dejó bien patente la
necesidad de una justicia más rápida. Sólo unas semanas antes de su
fallecimiento había sido acusado de nuevos cargos relacionados con 35
secuestros, 1 homicidio y 24 casos de tortura. El ex presidente paraguayo
Alfredo Stroessner murió exiliado en Brasil sin haber sido sometido nunca a
juicio por las violaciones generalizadas de derechos humanos cometidas durante
su gobierno (1954-1989).
La jurisdicción universal
siguió desempeñando un papel clave a la hora de abordar el legado de violaciones
de derechos humanos en Latinoamérica. Un magistrado español dictó órdenes de
detención contra el ex general y ex presidente guatemalteco Efraín Ríos Montt y
varios ex altos mandos del ejército, a quienes se acusaba de genocidio,
torturas, terrorismo y detenciones ilegales. Sin embargo, el ex general Efraín
Ríos Montt siguió en libertad después de que las autoridades guatemaltecas
tuvieran en cuenta sólo de forma parcial la causa abierta por la Audiencia
Nacional de España. Otros dos ex oficiales estaban bajo custodia y un tercero se
encontraba huido de la justicia.
Novedades
en la región
La Comisión Interamericana
de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, mecanismos de
derechos humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA), adoptaron
varias decisiones importantes. En el caso de que los Estados Partes las
aplicaran, no sólo abordarían casos individuales de negación o violación de los
derechos humanos, sino que sentarían también un precedente importante para un
cambio sistemático en toda la región.
No se registró ningún avance
en las negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio para toda América; en
muchos países, la actitud ante este acuerdo era de escepticismo o rechazo. Sin
embargo, se produjeron avances en el fortalecimiento de las asociaciones
comerciales dentro de América Latina.
Informe completo disponible en
http://www.es.amnesty.org
Reproducido en el semanario Peripecias Nº 49 el
23 de mayo de 2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |