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En los días previos a la marcha, la directiva de la CUT habría decidido marginar
de los flashes capitalinos a Cristián Cuevas, pidiéndole que se quedara en Los
Andes. El líder de los subcontratistas advierte que "ahora vendrá un intento por
disciplinar al movimiento sindical con órdenes partidarias".
Horas antes de la protesta convocada para el miércoles, el presidente de la
Central Unitaria de Trabajadores (CUT, 300 mil afiliados), Arturo Martínez,
estaba en la sede de la multisindical, sentado en una mesa larga con el resto de
la dirigencia. Rodeado de periodistas y una vaca de carne y hueso que junto a su
dueño, un Tío Sam vestido de rosado, completaban la metáfora de la desigualdad.
Pero cuando a la vicepresidenta de la entidad, María Rozas, le preguntan por qué
el golden boy del movimiento sindical, Cristián Cuevas, no está en la ceremonia,
aclara que éste "no es dirigente de la CUT", y añade, muy segura: "Esta no es
una organización mediática".
Casi en el mismo momento, pero a menos de cinco cuadras hacia el norte, Sergio
Alegría, presidente del Sindicato de Trabajadores de Contratistas y
Subcontratistas (Sintrac, 14.500 afiliados) era detenido en el desalojo de la
Dirección del Trabajo, tomada por un grupo de peonetas subcontratados para
Embotelladora Andina. "No a los operadores políticos disfrazados de dirigentes
sindicales", decía uno de los panfletos que llovieron durante el incidente. La
organización que encabeza Alegría es una de las que ha protestado por la
excesiva intromisión de los partidos políticos en el movimiento sindical. "En un
sindicato de 100 personas, de cinco dirigentes hay dos comunistas y dos
socialistas, y al final las decisiones se toman de acuerdo a lo que dicta el
comité central del partido. Así ocurre en la CUT y en las grandes federaciones.
Los sindicatos famosos son funcionales al sistema", afirma Alegría, obrero
especialista en cañerías industriales.
Viento fresco
En los días previos a la movilización, la directiva de la CUT, controlada casi
en partes iguales por el PS (12 consejeros) y el PC (11), habría decidido
marginar de los flashes a Cuevas, pidiéndole que se quedara en Los Andes. El
presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC, 12 mil afiliados)
asegura que se quedó en la zona que representa como presidente regional de la
CUT por "decisión propia y no por instrucción de alguien", pero reconoce que el
posicionamiento de la cuestión sindical ha causado una intervención más decidida
de los partidos. "Vendrá un intento por disciplinar al movimiento sindical, las
órdenes partidarias, las tratativas, pero conmigo no se van a atrever, vamos a
evitar las decisiones que se toman a espaldas de los trabajadores", aclara
Cuevas, desafiante. Aunque no habló para Telesur como el secretario general de
la CUT, Jaime Guajardo ni apareció mojado en la portada de "La Segunda" el día
de la marcha, como María Rozas, igual se las arregló para mantener su estatus de
celebridad. Apareció en televisión mientras era detenido en San Felipe y habló
con una radio en directo desde la comisaría. Rozas, sin embargo, niega que este
escenario sea real: "Ojalá tuviéramos más apoyo de los partidos, sería bueno que
estuvieran más metidos".
Alegría uno de los responsables de la movilización de subcontratistas de Enap en
julio y Cuevas, que empezó como dirigente formando el sindicato de Sodexo, donde
era aseador, además de representar a los dirigentes menores de 50 años,
convergen en conceptos como "autonomía" e "independencia" de una
institucionalidad sindical, dicen, cooptada durante mucho tiempo por la
injerencia de los partidos. En este sentido, representan al "nuevo sindicalismo"
que, en el caso de Cuevas, "respeta mucho a la dirigencia de Martínez y María
Rozas", pero tiene un estilo más agresivo, más preocupado de las bases que de
los diálogos con la autoridad. La agenda inmediata de Cuevas incluye reuniones
con gremios como los salmoneros, los forestales, los trabajadores de Lider y de
Agrosuper. Desde estos frentes viene "el aire fresco al que es necesario dar
paso", según Martínez.
Luna de miel
Para muchos involucrados en el movimiento sindical, como Guillermo Salinas (PC),
secretario de comunicación, desarrollo y estudios laborales de la CUT, esta
organización "pagó un costo muy alto en los años 90", cuando la central era
dirigida por Manuel Bustos y se diseñaron los "acuerdos marco", una especie de
carta de navegación conjunta con los empresarios que provocó el estancamiento de
la multisindical. La movilización del miércoles se decidió en julio, durante un
consejo ampliado de la organización, "pero lo que estamos viendo ahora viene de
lo que venimos construyendo los mismos dirigentes hace mucho tiempo", asegura
Salinas, uno de los mentores del posicionamiento de Cuevas.
El dirigente, como es la tónica estos días en la CUT donde se vive una eufórica
luna de miel entre facciones disidentes , no se hace cargo de las críticas en
torno a la influencia de los partidos, aunque reconoce que el suyo ha salido
fortalecido con las últimas movilizaciones. "Pero más allá de la militancia de
cada uno, se mantiene el carácter unitario en torno a los planteamientos del
congreso fundacional que hicimos el año pasado", afirma. En esa instancia se
acordó que la principal meta del sindicalismo sería socavar el modelo
neoliberal. Pero si la CUT es como una Concertación en miniatura, la discusión y
el conflicto están recién comenzando.
Publicado en la columna de F.
Saleh en la edición dominical de La Nación
(Santiago), el 2 setiembre 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
64 el 5 de
setiembre de 2007. Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos y educativos. |