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Aunque ha pasado un largo tiempo desde su creación, aún no se ha proclamado en
todo su alcance el extraordinario aporte de Internet a la cultura, la educación
y el comercio mundiales. Esto no sólo se debe a su alcance global y la
instantaneidad de la información transmitida, sino también a la expansión
incesante de los usuarios, a la universalidad de la búsqueda y al costo
decreciente de las operaciones. Se calcula que 1200 millones de personas
utilizan diariamente estos servicios.
Pero todo no es coser y cantar. Si hemos de ser serios en una valoración
ponderada, debemos aceptar del mismo modo que dichas facilidades abren camino a
sistemas ilegales e impositivos de publicidad forzada, basada en la compra-venta
de listas de direcciones no autorizadas, como es el famoso spam, que
mueve unos 60.000 millones de mensajes indeseados diarios, el 90% de ellos
"fabricados" en Estados Unidos por emprendedores empresarios, la mayor parte
jóvenes, que ignoran el valor de la ética en su afán desorbitado por convertirse
en millonarios a corto plazo.
Igualmente, la maravilla de Internet sirve para otras cosas dudosas como la
venta fraudulenta de productos falsos, la simulación de relojes de marca, la
creación de un mercado de fármacos peligrosos para la salud, así como para
promover la industria de videos "basura" o simplemente pornográficos, como si
bastara ser adulto para verse sometido a tanto asalto innoble. Eso, para no
hablar de las mentiras de la ideología del consumo y la propaganda política de
la cultura de la dominación.
Hay cosas de las que no se habla para no suscitar la noción de privilegio, de
los que tienen y no tienen acceso a las nuevas tecnologías. Una de ella son los
costos de equipamiento y uso, calculados estos últimos en unos 200 dólares
mensuales, imposible de asumir por la mayor parte de los posibles usuarios. Se
dice que estas dificultades forman parte del precio que hay pagar por abrirse al
mundo deslumbrante y prometedor de la red de redes, por la magia de tener el
universo al alcance de la mano y de hacer amistades nuevas todos los días,
aunque estén a diez mil kilómetros de distancia. Para la mayor parte de los
usuarios esto importa mucho más que tener libre acceso a la Biblioteca del
Congreso en Washington.
UNESCO, un criterio válido
Entonces, ¿quiénes son los que llegan a hacer uso del extraordinario instrumento
que es Internet? Según un estudio de la Universidad de Pennsylvania son, en su
mayor parte, jóvenes entre 25 y 45 años, con nivel universitario, dominio de
tres idiomas e ingresos anuales por 50.000 dólares anuales. De acuerdo a estas
circunstancias cabe considerar el tema de la diferencia de clases que separa a
los que participan en el universo de Internet. Muy pocas veces se hace mención
de este fenómeno, porque la informática se ha convertido para muchos en un medio
de ascender en la escala social más que en una vía para impulsar el desarrollo
educativo y científico.
Usted busca y busca y no encuentra por ninguna parte estos juicios y
señalamientos críticos, capaces de poner en duda la consistente estructura de
las computadoras y satélites. Afortunadamente, apareció un organismo
internacional de la talla de la UNESCO, que anunció sorpresivamente que se
desasociaba de una campaña mundial en curso, lanzada a principios de año para
identificar las nuevas siete maravillas de la humanidad y del arte. La razón
fundamental es que esta encuesta había sido hecha por Internet y en consecuencia
sólo una fracción del Tercer Mundo había tenido acceso al sistema digital debido
a su incapacidad de acceder a los medios electrónicos.
Consagración de la desigualdad
La inusitada reacción de la agencia de las Naciones Unidas consagra y confirma
la desigualdad, injusticia y contradicciones existentes en el campo de la
informática, situación silenciada hasta ahora y no comentada por los organismos
e instituciones afines al tema. Mucho menos, por supuesto, por corporaciones
transnacionales como Dell, Apple, IBM o Microsoft.
Ahora, con ayuda del celular, Internet está en todas partes, pero no para todos.
Sin dudas hay una masificación de la red de redes, pero las últimas noticias
sobre su impacto y evolución no son del todo alentadoras, pues sólo el 17% de la
población mundial (1.116 millones) disfruta de sus ventajas, de acuerdo con la
Internet World Status. Este organismo apunta que la ciberseguridad es uno de los
problemas que más inciden en el desequilibrio que afecta a la Red.
La revista argentina Perfil agrega que hacen falta con urgencia políticas
públicas y privadas para equilibrar el abismo que se abre cada vez más entre los
que tienen y los que no tienen medios. Otro problema es que hay que renovar cada
dos o tres años los viejos equipos por obsoletos o defectuosos, así como
sustituir programas como el XP y Vista, de Microsoft. Y hay que apurarse, porque
la empresa AMD, segundo fabricante de microprocesadores en el mundo, vaticina
una penetración de Internet del 50% para el 2015, lo que indica que las
prácticas sociales serán distintas a las de hoy.
Parte de la solución será subvencionar por los gobiernos las conexiones de banda
ancha a nivel nacional, lo mismo que hay que impulsar la conectividad en las
escuelas de nivel primario y secundario. De lo contrario, la mayor parte del
planeta seguirá marginada de las nuevas tecnologías.
¿Ahora que dirán los que cantan loas al progreso cibernético indiscriminado, sin
analizar a conciencia la falta de espacio igual para todos? Si no se estudia con
realismo una salida se estará conformando un desequilibrio global que afectará a
corto plazo la educación, la cultura y la economía de más de 100 países, es
decir, la mitad de la población mundial.
Publicado en
Cubarte el 7 de
setiembre de 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
65 el 12 de
setiembre de 2007. Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos y educativos. |