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A. Santos, peruano, integra la oficina regional Puno de
la Asociación SER (Servicios Educativos Rurales).
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El pasado lunes 21 de enero, tres personas murieron en Ilave, el hecho ha
generado diversas reacciones, las más comunes repiten el esquema utilizado
durante la crisis política vivida en dicha provincia en abril del 2004,
atribuyendo el suceso a una “justicia aymara”, lo que remarca el ya conocido
cliché que relaciona a los aymaras con hechos violentos o con una sociedad que
vive al margen de la ley.
Los analistas y los diarios han puesto en entredicho, una vez más, los límites
y/o ausencia del Estado o la incongruencia entre la justicia occidental y la
“justicia aymara”, llevando el hecho a un plano étnico, olvidando que estos
hechos se repiten a diario en diversas zonas del país; crímenes pasionales,
ajustes de cuentas y linchamientos se han convertido en sucesos corrientes a lo
largo y ancho del Perú.
Lo ocurrido en Ilave, donde una persona fue asesinada y posteriormente, una
turba terminó con la vida de los supuestos asesinos, aún es materia de
investigación policial, sin embargo con el transcurso de los días las hipótesis
respecto de los móviles del crimen han crecido, se señala que el asesinato
habría sido producto de un intento de robo, que fue un ajuste de cuentas entre
narcotraficantes y, por llamarlo de algún modo, la más descabellada, es aquella
que señala que la primera víctima habría sido parte de un sacrificio humano. Sin
embargo, la hipótesis que cobra más fuerza es la señalada por la misma
sobreviviente del linchamiento, quien manifestó que se trataría de un crimen
pasional, ya que ella sostenía una relación amorosa con la primera víctima.
Más allá del hecho, lo que se pone en evidencia es un problema de país, en el
que imágenes de violencia y muerte son expuestas día a día como simples cifras o
parte de una estadística que insensibiliza, tal y como ocurrió durante el
conflicto armado interno que vivió nuestro país, en el que hechos violentos eran
tomados como parte de la cotidianidad. Por otro lado, el factor étnico aparece
como un intento de justificarlo todo, pretendiendo negar que vivimos en una
sociedad violenta en la cual aymaras, quechuas, policías, médicos, ricos,
pobres, etc., hacen uso de la violencia para resolver sus conflictos.
Por último, para el caso concreto del linchamiento de dos supuestos asesinos en
Ilave, añadiría que se demuestra, una vez más, la incapacidad de las
instituciones competentes de actuar en el debido momento. Uno de los testigos
manifestó que dio a conocer los hechos a la Policía Nacional cuando ambos
sospechosos estaban con vida y un policía le señaló que no contaban con personal
suficiente para acudir. Por otro lado, el Fiscal, al cual le comunicaron del
hecho no se hallaba en Ilave, y el Fiscal adjunto llegó tarde, pese a que
personal del serenazgo municipal le había comunicado del hecho desde tempranas
horas de la mañana.
Visiones maniqueas que denotan un profundo componente de racismo, que
criminalizan la exclusión y se empeñan en satanizar a Ilave y a los aymaras,
anotando que ejercen su propia ley, que viven en la marginalidad o pretenden
crear otro Estado dentro del Estado abundan para dar explicaciones sobre Ilave.
En Caracas como Sao Paulo, por citar dos ciudades con altos índices de
criminalidad, la violencia se repite a diario y no por ello son atribuidos a una
etnia en particular, sino al conjunto de la sociedad.
Es hora de que el Estado reaccione ante estos hechos y de que la salud mental
deje de ser la novena prioridad dentro de las prioridades del Ministerio de
Salud, quizá ello podría ayudarnos a vivir en una sociedad menos violenta. Para
un problema de país se necesitan políticas públicas que puedan frenar este tipo
de manifestaciones sociales que nos revelan que vivimos en una sociedad enferma,
de post conflicto armado y ello tiene una serie de secuelas que es necesario
remediar.
Publicado en
Altiplano Político el 21 de
enero de 2008. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 83 el 30 de enero de
2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |