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Acabamos de asistir a la culminación de la II Conferencia Ministerial sobre la
Sociedad de la Información, en la que se aprobó el ampliamente discutido
Compromiso de San Salvador. Esta declaración política sienta las bases para
la plataforma regional y establece metas de acción a cumplir por los países de
la región para el año 2010. Algunos logros, muchos tironeos, y un gran cansancio
es el saldo de esta semana de actividades, con gobiernos sesionando a
contrarreloj para llegar a tiempo con la elaboración de los documentos. Por su
parte, la sociedad civil ha criticado con fuerza las modificaciones realizadas
al mecanismo de seguimiento, que dificultan la calidad multisectorial del
proceso.
Se inicia así otra etapa del proceso regional, y se espera que a partir de
ahora, los gobiernos conviertan realmente los compromisos discursivos en
realidades concretas. En efecto, esta ha sido una de las demandas más escuchas
durante estos días.
Sin embargo, uno de los factores que podemos considerar positivos es la
inclusión del género como un factor omnipresente en el eLAC. Es decir, no como
una meta adicional, sino como una perspectiva genuina, transversal a la
plataforma, capaz de brindar una orientación específica a los objetivos de
acción y grupos de trabajo. Ello compuso una demanda importante por varios
asistentes a la conferencia (ver:
“El género no es aún un
factor transversal en el eLAC”.), y fue negociado por delegaciones como la
argentina, con resultado final exitoso.
En lo que respecta al mecanismo de negociación, hay que apuntar que este no fue
claro ni explicitado: los gobiernos sesionaron en sala cerrada, mientras que en
un ámbito paralelo se realizaron paneles, con una modalidad similar a la de
seminario académico; con muy escasa interrelación entre ambos. Ocasionalmente se
permitió la entrada de observadores en la sala de negociación, pero esta
modalidad no fue formalizada, así como tampoco comunicada a los presentes.
Evidentemente, al no estar establecida de antemano, también dependió de la
“buena voluntad” de los gobiernos, y de la composición del conjunto de
representantes de cada país (gubernamentales, sociedad civil y sector privado) y
de la interrelación de estos.
Dicha informalidad no deja de ser grave, y tal vez el resultado más
paradigmático sea la transformación de los mecanismos de seguimiento propuestos
en el borrador del plan que, tal como podemos apreciar en la versión final,
colocan a la sociedad civil en el rol de “observadores” del proceso.
Así, los cambios de lenguaje realizados al documento modifican intencionalmente
la orientación en la composición y alcance de la incidencia de los sectores
involucrados en los dispositivos que den continuidad y verifiquen la
implementación de los compromisos declarados. También, se ha mencionado que
estas ediciones van a contracorriente de los
compromisos
adoptados en Túnez en lo que hace a la calidad participativa de dichos
procesos, también en el capítulo regional de estos como es el eLAC.
Nuevamente, la sociedad civil se prepara para afrontar esta coyuntura, algo que
es costumbre en la trayectoria de las organizaciones activas en temas de
información y comunicación en ALC...
Pero lo frustración es grande, y el sabor amargo, luego del trabajo intenso que
se ha realizado estos años en pro de legitimar la inclusión como actores
legítimos del proceso.
Publicado en el blog de la
Asociación para el Progreso de las
Comunicaciones el 8 de febrero de 2008. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 85 el 20 de febrero de
2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |