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El 18 de febrero se celebra el Día de las Mujeres de las Américas, decretado en
Washington por la OEA en 1982, durante la XXI Asamblea de Delegadas de la
Comisión Internacional de Mujeres (CIM), organismo fundado en 1928, “Para
obtener el reconocimiento de derechos civiles y políticos”.
En estos veintiséis años de celebración, por supuesto que ha habido avances en
la lucha de nosotras las mujeres por una mayor participación en la vida política
de nuestros respectivos países.
En un seminario regional sobre la mujer centroamericana en la política,
realizado por el Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (INCEP), en
Costa Rica, mayo de 2006; se decía que los aportes específicos de las mujeres
eran: humanizar la política, fomentar la transparencia y capacitar a las nuevas
generaciones en el cambio de paradigmas.
Entre estos paradigmas o creencias que se deben cambiar, uno de los principales
es la división de tareas laborales, hoy en día habemos más mujeres participando
en los negocios del Estado.
Otro paradigma que debemos derrumbar es el de las creencias religiosas basadas
en la cultura patriarcal y por lo tanto ello significa eliminar la creencia de
que las mujeres somos el sexo débil.
En dicho seminario, la delegación de Honduras consignaba que uno de los aportes
específicos de las mujeres en la política regional, era “lograr la participación
plena de la mujer en todos los campos de la política.
No sólo servimos para hacer comida”, acotaban las seminaristas.
De veras que no sólo servimos para la cocina, ni sólo para tener hijos, ni sólo
para ser esposas o amantes; no obstante, lograr la participación democrática
real y equitativa no es tarea de pocos años, ya que tenemos enfrente una muralla
de tradiciones patriarcales y seculares que hasta el día de hoy todavía son
valladares difíciles de superar, pero ahí vamos seguras y perseverantes.
Primeramente hay que transformar el marco legal para equilibrar los deberes y
derechos entre hombres y mujeres.
Luego tenemos la obligación moral de capacitarnos y profesionalizarnos, y para
ello no basta con la universidad, sino también incursionar en el fomento de la
investigación, la creación de bibliotecas virtuales y la publicación de
revistas, monografías y temas sobre masculinidad y feminidad, con especificidad
en la aportación de la mujer en los espacios políticos de poder.
Por supuesto que todos estos conceptos no son novedosos, pero es necesario
seguirlos repitiendo, porque si no fuera así, no tendríamos avances, ni tampoco
tendría sentido la realización de seminarios y eventos donde fluyen las ideas
alrededor del tema, ni tampoco las celebraciones de fechas tan nuestras.
Se hace necesario seguir diciendo nuestra palabra pero poniéndola en acción, no
cabe duda que hemos avanzado, sin embargo falta tanto ¡mujeres de las Américas,
salve!
Publicado en el diario
CoLatino el 18 de febrero de
2008. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 85 el 20 de febrero de
2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |