Peripecias Nº 87 - 5 de marzo de 2008

CIUDADANÍA

 

Fanatismo, ceguera y consumo

 

Nuestra ciencia y nuestra sociedad

 

Efraim Neto

 

 

E. Neto es un periodista del nordeste brasileño.

 

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Vivimos un momento muy interesante de la odisea terrícola. Diversas formas de fanatismo están cada vez más próximas a todas nuestras relaciones sociales, afectivas y mecánicas. Una gran concepción de construcción científica formuló una visión extremadamente cerrada sobre qué eran la ciencia y la tecnología, entre otros procesos existentes dentro de nuestras relaciones sociales, de poder o no.

 

Según Berkeley, el mundo en sí no existe sino que es creado por nuestro pensamiento. O sea, las ideas crean la realidad y por lo tanto la preceden. Esa fue la base para la construcción de nuestra comunicación. Vivimos en un mundo que solo cree en aquello que ha construido nuestro pensamiento epistemológico a través de la comprobación científica. Esa construcción social, que llamamos "moderna", está basada en el viejo y antiguo egocentrismo humano. Este sentimiento se consolida cada vez más en diversos fanatismos y significa la mecanización del proceso de consolidación cultural.

 

Según Politzer (1961), el idealismo así como la religión provienen de la ignorancia de los hombres con respecto al mundo. Como consecuencia, dice el autor, los hombres buscan explicar todo por la voz de Dios. En la realidad de nuestra constitución social, tal afirmación tiene el mismo valor ante la fe en la ciencia. De allí vienen convicciones como la de los antiguos griegos sobre la existencia de cuatro elementos –agua, tierra, aire y fuego– y su propiedad de no descomponerse.

 

Una de las cosas que más llama la atención en esta, nuestra sociedad de hoy, es la fractura de aquello que Aristóteles había señalado sobre la dependencia existente entre los fenómenos del universo, los ciclos evolutivos presentes en la historia, y el hecho de que todo posee causas y consecuencias. Nuestra sociedad perdió la capacidad de comprender los asuntos de nuestra historia; perdimos la capacidad de relacionarnos con el medio que nos rodea, y en consecuencia nos colocamos en el centro de todas las cadenas existentes en el universo.

 

Nuestros estudios, después de las revoluciones científicas de los siglos XVII y XVIII, pasaron a ser totalmente lineales y, como consecuencia, construimos una sociedad que se comporta de manera muy homogénea. A partir de eso fuimos educados para ejercer un mayor control sobre las emociones y la memoria. Vivimos en la llamada "ciencia dura", con un fuerte desarrollo de la carrera tecnológica. El hombre insiste en separar esa misma tecnología entre "avanzada" y "atrasada". Desgraciadamente, el hombre también insiste en olvidar que la tecnología es intrínseca a la misma historia de nuestra construcción cultural y social.

 

Las relaciones humanas constituidas se basan en valores existentes en un mundo en el que los medios dominan los fines, en una ciencia basada en viejas y nuevas revoluciones científicas sustentadas por la competencia y por el despertar del lucro capitalista. La complexión afirmada por nuestra constitución familiar ya está totalmente modificada; como consecuencia de este hecho, los valores e los sentimientos están perdidos y distorsionados. Creo que éste es el gran motivo de que nuestra sociedad se haya vuelto cada vez más violenta. Al cabo, destruimos nuestra constitución familiar, religiosa y cultural.

 

Según Jean Baudrillard, para Marx, "muchos filósofos se contentan con interpretar el mundo, y a partir de este momento se trata de trabajar para que hoy no baste transformar el mundo. Eso ya sucedió de alguna manera. Lo que es preciso, urgentemente, es interpretar esa transformación para que el mundo no se transforme sin nosotros, y para que no se transforme en un mundo sin nosotros". Tal vez el gran problema de nuestra sociedad sea porqué no sabemos realmente dónde estamos y para dónde vamos, ya que el movimiento vertiginoso de la revolución técnica escapa a nuestro entendimiento. Existe el imperio de la técnica, la esencia contemporánea de la ciencia.

 

Nuestra ciencia impone la idea de límite, la misma idea que imperó durante toda nuestra historia. Esa idea, que es griega, pasó a ser entendida como barrera, como privación, y la idea de infinito y de delimitación está en la base de nuestro cambio de pensamiento. Con la consolidación de límites, nuestra sociedad se siente reprimida para pensar de forma holística y participar de la trama de la vida. Entretanto, mecanismos sociales basados principalmente en el capitalismo, valorizan la cultura del exceso. La peor consecuencia de esa condición es huir de la naturaleza de las cosas.

 

El gran punto de referencia de nuestra ciencia "moderna" tal vez sea que no piensa; ella hace. Nuestra constitución educacional quedó "renga" porque la filosofía piensa el pensamiento, pero fue excluida de la base escolar. La ciencia debería pensar la ciencia, como afirma la filósofa Olgária Matos. Vivimos la interferencia de la "ilusión de la individualidad" y reproducimos, en la dependencia corporativa, las acciones socioculturales de una falsa sociedad globalizada.

 

Ciencia y técnica eran parte de las producciones culturales, espirituales, de la sociedad. Hoy, la ciencia y la técnica son fuerza productiva. Están directamente vinculadas al aumento del capital, ya no tienen ninguna autonomía. ¡Esa estructuración social nos transformó en seres carenciados! El conocimiento multidisciplinario llena el vacío, pues el capitalismo produce carencia, no quiere satisfacer una necesidad sino crear necesidades al infinito. En este proceso la comunicación es el gran vector de transmisión masiva de una enfermedad común a toda la sociedad: la ilusión del consumo. Nuestro tiempo es la subjetividad.

 

Considero divertido, en la construcción de nuestra sociedad científica, que mientras toda promesa exige largos plazos, la ciencia "moderna" haga promesas inmediatistas, construyendo en nuestras mente un tiempo en el futuro perdido. Falta la comprensión de que el futuro es una moneda de cambio, y baste como ejemplo que nuestro comportamiento con el ambiente, la preservación, el cuidado con el medio que nos rodea, son insumos importantes para mantener nuestra odisea terrestre.

 

En fin, el tiempo comprendido es el tiempo impuesto como forma de vida por excelencia: el consumo de bienes materiales sin ningún ideal del espíritu. Son la técnica y la ciencia desarrollándose sin saber hacia dónde van. Todas estas consideraciones tocan a nuestras nociones de libertad y responsabilidad social.

 

Traducción: José da Cruz.

 

Publicado en ECOBlog el 12 de febrero de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 87 el 5 de marzo de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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