|
 |
|
|
E. Neto es un periodista del nordeste brasileño.
¿Desea comentar
este texto? Si es así complete el formulario de comentarios -
seguir
...
|
|
|
|
 |
|
|
|
Vivimos un momento muy interesante de la odisea terrícola. Diversas formas de
fanatismo están cada vez más próximas a todas nuestras relaciones sociales,
afectivas y mecánicas. Una gran concepción de construcción científica formuló
una visión extremadamente cerrada sobre qué eran la ciencia y la tecnología,
entre otros procesos existentes dentro de nuestras relaciones sociales, de poder
o no.
Según Berkeley, el mundo en sí no existe sino que es creado por nuestro
pensamiento. O sea, las ideas crean la realidad y por lo tanto la preceden. Esa
fue la base para la construcción de nuestra comunicación. Vivimos en un mundo
que solo cree en aquello que ha construido nuestro pensamiento epistemológico a
través de la comprobación científica. Esa construcción social, que llamamos
"moderna", está basada en el viejo y antiguo egocentrismo humano. Este
sentimiento se consolida cada vez más en diversos fanatismos y significa la
mecanización del proceso de consolidación cultural.
Según Politzer (1961), el idealismo así como la religión provienen de la
ignorancia de los hombres con respecto al mundo. Como consecuencia, dice el
autor, los hombres buscan explicar todo por la voz de Dios. En la realidad de
nuestra constitución social, tal afirmación tiene el mismo valor ante la fe en
la ciencia. De allí vienen convicciones como la de los antiguos griegos sobre la
existencia de cuatro elementos –agua, tierra, aire y fuego– y su propiedad de no
descomponerse.
Una de las cosas que más llama la atención en esta, nuestra sociedad de hoy, es
la fractura de aquello que Aristóteles había señalado sobre la dependencia
existente entre los fenómenos del universo, los ciclos evolutivos presentes en
la historia, y el hecho de que todo posee causas y consecuencias. Nuestra
sociedad perdió la capacidad de comprender los asuntos de nuestra historia;
perdimos la capacidad de relacionarnos con el medio que nos rodea, y en
consecuencia nos colocamos en el centro de todas las cadenas existentes en el
universo.
Nuestros estudios, después de las revoluciones científicas de los siglos XVII y
XVIII, pasaron a ser totalmente lineales y, como consecuencia, construimos una
sociedad que se comporta de manera muy homogénea. A partir de eso fuimos
educados para ejercer un mayor control sobre las emociones y la memoria. Vivimos
en la llamada "ciencia dura", con un fuerte desarrollo de la carrera
tecnológica. El hombre insiste en separar esa misma tecnología entre "avanzada"
y "atrasada". Desgraciadamente, el hombre también insiste en olvidar que la
tecnología es intrínseca a la misma historia de nuestra construcción cultural y
social.
Las relaciones humanas constituidas se basan en valores existentes en un mundo
en el que los medios dominan los fines, en una ciencia basada en viejas y nuevas
revoluciones científicas sustentadas por la competencia y por el despertar del
lucro capitalista. La complexión afirmada por nuestra constitución familiar ya
está totalmente modificada; como consecuencia de este hecho, los valores e los
sentimientos están perdidos y distorsionados. Creo que éste es el gran motivo de
que nuestra sociedad se haya vuelto cada vez más violenta. Al cabo, destruimos
nuestra constitución familiar, religiosa y cultural.
Según Jean Baudrillard, para Marx, "muchos filósofos se contentan con
interpretar el mundo, y a partir de este momento se trata de trabajar para que
hoy no baste transformar el mundo. Eso ya sucedió de alguna manera. Lo que es
preciso, urgentemente, es interpretar esa transformación para que el mundo no se
transforme sin nosotros, y para que no se transforme en un mundo sin nosotros".
Tal vez el gran problema de nuestra sociedad sea porqué no sabemos realmente
dónde estamos y para dónde vamos, ya que el movimiento vertiginoso de la
revolución técnica escapa a nuestro entendimiento. Existe el imperio de la
técnica, la esencia contemporánea de la ciencia.
Nuestra ciencia impone la idea de límite, la misma idea que imperó durante toda
nuestra historia. Esa idea, que es griega, pasó a ser entendida como barrera,
como privación, y la idea de infinito y de delimitación está en la base de
nuestro cambio de pensamiento. Con la consolidación de límites, nuestra sociedad
se siente reprimida para pensar de forma holística y participar de la trama de
la vida. Entretanto, mecanismos sociales basados principalmente en el
capitalismo, valorizan la cultura del exceso. La peor consecuencia de esa
condición es huir de la naturaleza de las cosas.
El gran punto de referencia de nuestra ciencia "moderna" tal vez sea que no
piensa; ella hace. Nuestra constitución educacional quedó "renga" porque la
filosofía piensa el pensamiento, pero fue excluida de la base escolar. La
ciencia debería pensar la ciencia, como afirma la filósofa Olgária Matos.
Vivimos la interferencia de la "ilusión de la individualidad" y reproducimos, en
la dependencia corporativa, las acciones socioculturales de una falsa sociedad
globalizada.
Ciencia y técnica eran parte de las producciones culturales, espirituales, de la
sociedad. Hoy, la ciencia y la técnica son fuerza productiva. Están directamente
vinculadas al aumento del capital, ya no tienen ninguna autonomía. ¡Esa
estructuración social nos transformó en seres carenciados! El conocimiento
multidisciplinario llena el vacío, pues el capitalismo produce carencia, no
quiere satisfacer una necesidad sino crear necesidades al infinito. En este
proceso la comunicación es el gran vector de transmisión masiva de una
enfermedad común a toda la sociedad: la ilusión del consumo. Nuestro tiempo es
la subjetividad.
Considero divertido, en la construcción de nuestra sociedad científica, que
mientras toda promesa exige largos plazos, la ciencia "moderna" haga promesas
inmediatistas, construyendo en nuestras mente un tiempo en el futuro perdido.
Falta la comprensión de que el futuro es una moneda de cambio, y baste como
ejemplo que nuestro comportamiento con el ambiente, la preservación, el cuidado
con el medio que nos rodea, son insumos importantes para mantener nuestra odisea
terrestre.
En fin, el tiempo comprendido es el tiempo impuesto como forma de vida por
excelencia: el consumo de bienes materiales sin ningún ideal del espíritu. Son
la técnica y la ciencia desarrollándose sin saber hacia dónde van. Todas estas
consideraciones tocan a nuestras nociones de libertad y responsabilidad social.
Traducción: José da Cruz.
Publicado en
ECOBlog el 12 de febrero de
2008. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 87 el 5 de marzo de
2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |