Peripecias Nº 89 - 26 de marzo de 2008

CIUDADANÍA

 

 

Discriminación, consumo y pobreza:

Sones de una misma guaracha

 

Diego Andrés Guevara Flétcher

 

 

D. Guevara Flétcher es economista, Msc en economía, doctorando en Ciencias Sociales FLACSO - Buenos Aires.

 

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"El racismo ha sido históricamente una bandera para justificar las empresas de expansión, conquista, colonización y dominación y ha marchado de la mano de la intolerancia, la injusticia y la violencia". Rigoberta Menchú. Premio Nobel de Paz.

 

Introducción

 

Desafortunadamente, desde el llamado “descubrimiento de América” en 1492 se consolidó una corriente de pensamiento racialista que concebía a los “blancos” europeos como la “raza” hegemónica, capaz de alcanzar mayores y mejores niveles de progreso en la sociedad, desconociendo formas autónomas y organizadas de relaciones sociales de la población nativa del continente americano. Sin embargo, la discriminación racial, la segregación y el racismo acompañados de la intolerancia y exclusión fruto del pensamiento inspirado en la idea de inferioridad social y cultural, se afianzó en la sangre y en el medio geográfico de los habitantes de los nuevos territorios atribuyéndola también a las tribus africanas traídas como esclavos para su vinculación como herramientas de trabajo de la explotación minera, los trabajos agrícolas, y la servidumbre de los “nuevos colonos”. Rápidamente, estas formas discriminatorias se “perpetuaron” con la consolidación de las nuevas repúblicas, incorporándolas en la economía de mercado encasillando y segregando a las etnias minoritarias en América Latina.

 

El objetivo del presente ensayo es entonces, relacionar los aspectos inherentes a las diferentes formas de consumo, entendido este –no solamente referido al proceso económico de “destrucción de bienes”– sino también como un aspecto fundamental en donde las relaciones sociales, culturales y políticas implican tensiones hegemónicas entre los agentes que intervienen en el mercado (entendidos estos actores como productores y consumidores) y el discurso discriminatorio a las etnias minoritarias como lo son los indígenas y afrodescendientes en América Latina. Lo que se intenta es poder ampliar la mirada discriminatoria de las minorías en el contexto del mercado, a través de su inclusión/ exclusión en la sociedad capitalista de consumo.

 

Minorías étnicas y discriminación

 

“... La mezcla del indígena con el elemento africano y aun con los mulatos que de él deriven, sería un error fatal para el espíritu y la riqueza... esta mezcla de sangre empobrecidas de culturas inferiores determina productos inadaptables, perturbados nerviosos, débiles mentales, viciados de locuras, de epilepsia, de delito, que llenan los asilos y las cárceles cuando se ponen en contacto con la civilización...." Luis López de Mesa, influyente intelectual de la política colombiana en la primera mitad del siglo XX.

 

Los grandes cambios presenciados en las tecnologías de producción en las últimas décadas han transformado el diseño de los objetos acompañados de la comunicación extensiva e intensiva en la sociedad. Estos elementos han causado inestabilidad en las identidades de una comunidad étnica o nacional. Los deseos de contener la explosión globalizada de las identidades y de los bienes de consumo de los pueblos que las diferencian, parecen cada día desvanecerse más y más. Manuel Castells (1974) define la participación del consumo como un escenario de disputas en donde aquello que la sociedad produce y las maneras en que las utiliza son objeto de tensión entre los agentes que intervienen en el mercado. Los medios de apropiación simbólica analizados por Bourdieu (1988) muestra que los objetos de consumo son objeto de distinción mas que la misma satisfacción de necesidades a través de la escasez de los bienes obtenidos y la imposibilidad de que otros los tengan. De esta manera, el consumo no es algo privado sino que relaciona la manera como nos integramos y nos diferenciamos del resto de la sociedad a través de la adquisición de objetos que buscan mas allá de las satisfacciones, de las necesidades biológicas y simbólicas, enviar mensajes al resto de la sociedad.

 

Según cálculos de la CEPAL, en América Latina y el Caribe se encuentran entre 33 y 40 millones de indígenas divididos en unos 400 grupos étnicos, y unas 150 millones de personas afrodescendientes. La discriminación racial, especialmente sobre estos grupos étnicos está fuertemente asociada con los factores vinculados al entorno históricos de las relaciones socioeconómicas, políticas y culturales. [1] Desde la misma conquista de América por parte de los europeos, pasando por la etapa del colonialismo y hasta la conformación de las nuevas naciones, los grupos étnicos minoritarios fueron fuertemente sometidos y estigmatizados asociando sus diferencias a distinciones biológicas atribuidas a genotipos y fenotipos, especialmente referidas al color de piel, y a la etnicidad, vinculada a factores de orden cultural. Estos pueblos en especial los indígenas, poseen territorios diferenciados, lenguas propias, y hábitos de trabajo y de “consumo” que los distinguen de los demás grupos étnicos.

 

Estudios adelantados en distintos países, entre ellos en Venezuela [2], en donde la proporción étnica afrodescendientes es del 10% del total de la población, –la tercera en América Latina– demuestra, como las practicas de exclusión e inclusión estereotipada de la representación “negra” en los medios de comunicación constituye una forma de abordar el problema del racismo negando el componente multicultural y étnico de la nación.

 

La sensibilidad para distinguir los fenotipos con términos discriminatorios es elocuente. El “blanco” suele ser el símbolo de lo bello, lo rico, lo puro y lo sofisticado, mientras que el “negro” suele ser el símbolo de lo feo, lo pobre lo impuro, lo no sofisticado. Estos términos descriptivos están presentes también para indicar el orden jerárquico de la sociedad.[3] Aspectos de este racismo se dejan vislumbrar no solamente en el contenido de un mensaje oral, sino también en el tono, en el gesto, o en la mirada. La gente “blanca” recurre a señales que inducen a que los buenos modales o buen comportamiento es necesario para no ser tan “indio”, o el ser potente sexualmente y tan alegre como “los negros” [4], llevan a que estas recomendaciones indiquen una información errónea entre lo “negro” y lo “indio” como lo impuro y no civilizado y lo blanco como lo impoluto que se transmite generacionalmente en nuestra sociedad.

 

Sin embargo, según Van Dijk (2003: 24) el racismo no consiste únicamente en las ideologías de supremacía racial de los blancos, ni tampoco en la ejecución de actos violentos. El racismo también comprende las opiniones, actitudes e ideologías cotidianas y los actos aparentemente sutiles que contribuyen al predominio del sector blanco y la subordinación de las minorías étnicas. Afirma este autor, que los políticos, catedráticos, editores, jueces, oficiales y burócratas quienes ejecutan, controlan o condonan muchos de los actos racistas de alguna manera aceptan y condicionan a que en los estamentos sociales, en los medios de comunicación, la política, la educación, el entorno académico, la empresa, la iglesia, los sindicatos y en las agencias de bienestar social sean casi que nulas las participaciones de afrodescendientes e indígenas.

 

Efectos de la belleza

 

“...No existe mujer pobre, sino mujer sin plata..." Adagio popular.

 

El culto a la belleza al igual que la forma estética, toma como referencia el ideal europeo asentados en territorio americano desde la llegada de Cristóbal Colón en 1492 estableciendo las distancias que separan a los demás pueblos de la “perfección” del viejo continente. Este discurso racialista y discriminatorio tuvo una influencia notable gracias al apoyo y prestigio de la ciencia, a través del desarrollo naturalista de la Europa septentrional. Gobernau, filósofo y naturalista francés reforzando el concepto de la belleza expuesto por el Conde de Buffon, consideró la medida de esta a través de la distancia más o menos grande que separa a las demás razas de la europea caucásica. En ese mismo orden de medida, será valorada la inteligencia y la fuerza europea. Uno de los puntos centrales de sus postulados racialistas, contiene la negativa a la mezcla de razas, considerándola, una degeneración a través de la perdida del valor intrínseco de “pureza” y “belleza” que antes poseía.

 

Con base en los anteriores postulados ¿Cómo se vinculan las etnias minoritarias a los conceptos de consumo y de belleza? ¿Cuál es el papel de la economía del mercado en este factor de exclusión?

 

El consumo de bienes y servicios terciados a través de los medios de comunicación, contienen elementos altamente complementarios y comunes. Exponerse en público es provechoso. Quienes se distancian de los medios de comunicación y son “invisibles” están condenados al rechazo, a la exclusión y condenados a ser sospechosos de algún delito. La desnudez física, social y psíquica esta presente en el día al día. Los realities tan comunes, en donde personas “comunes” están dispuestas a todo para ganar unos instantes de inmortalidad y reconocimiento no importa que después, aparezcan en una portada de revistas desnudas o casi-desnudas o ventilando sus relaciones sexuales intimas (y por este hecho, ya no los son tanto) con sus parejas de turno. Estas personas, alimentaran a otras, dispuestas a seguir sus pasos por ese flash de reconocimiento ávidas también de ganar algo de aprobación que les permitirá seguir en el juego de la socialización. Ellos son al mismo tiempo, los promotores del producto y el producto que promueven (Bauman, 2007:17). Sin embargo, pocas veces presenciamos en estos programas gente que rompa con el estereotipo de belleza que más tarde pueda ser fácilmente comercializable.

 

El éxito de los salones de belleza surge entonces como una preocupación existencial por el temor al ser apartado del grupo social. La idea de sentirse “hermoso” va de la mano del estereotipo de la belleza inculcado por los mismos medios de comunicación y del mercado. En este escenario, tiene nula aportación las minorías étnicas. Es mas, los centros de belleza, promueven y afirman, condiciones especiales de comercialización de productos esencialmente para personas de color “blanco”. Este círculo de comercialización se ubica en lo que Bauman señala como la “transformación del capital y de trabajo en mercancía; en bienes de cambio” esto es, que si la reproducción de la sociedad capitalista se consuma en la repetición de infinitos encuentros transaccionales entre el capital en el rol de comprador y el trabajo en el papel del producto, el capitalismo como sistema debe asegurarse que estos encuentros se realicen y sean además continuos y exitosos. El consumo por lo tanto, en sus fases de ingesta, digestión y excreción, es una condición permanente e inamovible de la vida y un aspecto inalienable de ésta, sin ninguna atadura a época ni a historia.

 

Las cirugías plásticas y los centros de cosmética en delirio no funcionan con la idea de corregir imperfecciones. Más bien esas imperfecciones, surgen con el cambio de los estándares de belleza y con la idea de una nueva imagen socialmente aceptada. Los constantes cambios físicos no ocultan los vacíos emocionales y psicológicos de quienes los realizan: las estrellas de la farándula cambian constantemente el color de sus cabellos, los senos se agrandan o disminuyen según la tendencia de moda. El color de la piel también puede sufrir alteraciones voluntarias, más blanco, según lo dicte el fenómeno y la comercialización de turno. Sin embargo, son mas reconocidos los casos en los cuales los afro descendientes intentan “blanquearse” o alterar su aspecto físico. Nariz ancha, labios grandes, y pelo ensortijado no va con la tendencia y el concepto de la belleza. Los grupos sociales adquieren información de las noticias cotidianas, de la televisión, del cine. Estas opciones por lo tanto, no se adquieren sino que son prácticamente funcionales y sirven a los intereses de los grupos hegemónicos. La alteración del concepto físico de lo “bello” lo “blanco” y lo “puro” repercute directamente sobre los patrones de comercialización y de consumo. Convertirse en “otro” surge entonces, como una posibilidad de perdida de identidad, escapar de la discriminación y segregación habitual. Los pregones de naciones multiétnicas y pluriculturales se pierden pues, con este intento de homogenización de una negación de diversidades étnicas. La multiculturalidad y la multietnicidad, son solamente escritos en las Constituciones Políticas Nacionales de la mayoría de los países de América Latina.

 

Minorías étnicas y pobreza.

 

“...Los mexicanos aceptaran hacer en Estados Unidos el trabajo que ni los negros quieren realizar." Vicente Fox ex presidente de México.

 

Investigaciones empíricas adelantadas por Cinmadamore, McNeish y Eversole (2006), Arocha y Friedeman (1986), Hopenhayn y Bello (2001), Bello y Rangel (2002), Hopenhayn, Bello y Miranda (2006) y Horbath (2006) entre otros, han demostrado que los pueblos indígenas y los afro descendientes tienen culturas distintas a la de la de los grupos dominantes. Tienen valores y formas de hacer las cosas, e incluso, los primeros lenguas diferentes. Cuando los grupos dominantes imponen su cultura (basada en el capitalismo de mercado) destruyen aspectos de su cultura y la tradicional pobreza que les conlleva tiende a incrementarse. Además, los prejuicios racistas han sido utilizados por las élites para poder justificar la expulsión de sus territorios y apropiarse de los diversos recursos naturales y culturales con que cuentan.

 

Dado lo anterior, las etnias minoritarias son forzadas a insertarse a la sociedad de consumo. Tienen que gastar más del poco de dinero que obtienen en la tenencia de bienes y servicios que poco o nada útiles les son en sus necesidades. Es más, muchos de ellos ni siquiera están implantados en sociedades de mercado, como algunas etnias indígenas de la Amazonia, que se les incentiva y promueve el acceso al dinero para hacerlos participes de la economía de mercado y de esta manera no ser objeto de humillación social. Este proceso de discriminación no solamente se amalgama por el color de piel o diferencias culturales. Quienes no acceden a los bienes y servicios ofrecidos por el mercado, son reconocidos como una sociedad de “infraclase” (Bauman, 2007:92) es decir, a quienes se les niega el acceso a cualquier clase social reconocida y que no cumplen además, los requisitos para acceder a alguna de ellas. Se encuentran dentro de las estadísticas de los más pobres y como si fuese poco, molestan a la sociedad puesto que son considerados inútiles: abandonan la escuela, no trabajan, son mendigos, pordioseros viven de la caridad pública, adictos al alcohol y a las drogas y la mayoría son delincuentes. Aquí se encuentran los migrantes, los desplazados por la violencia como en Colombia, los indígenas que migran hacia las urbes. En una sociedad de consumo, estas personas no tienen ningún valor de mercado, son mujeres y hombres no comercializables, su incapacidad de consumir los convierte en consumidores fallidos (Bauman, 2007: 198). Es aquí, en donde la economía de mercado selecciona y separa a los condenados de los salvados, los de adentro de los de afuera y de aquí a los legitimados y no legitimados, a “nosotros” y a los “otros” y reproduce las relaciones de discriminación y racialismo a través de la intergeneración de las clases de elite. En efecto, Van Dijk (2003) afirma que las relaciones étnicas han pasado a ser definidas en términos culturales: los problemas laborales, el entorno escolar o el comportamiento social se explican de forma rutinaria como un fenómeno debido a las diferencias éticas, de mentalidad, religión o actitudes y nunca como la consecuencia de discriminación o del prejuicio. Cambiar la identidad, descartar el pasado y buscar “nuevos” principios es la conducta que esa cultura promueve como “obligaciones” disfrazadas de privilegios. Los pobres no son necesarios y por lo tanto indeseables; como no consumen son aun mas estigmatizados, dado por el “pertenecer” o ser “aceptados” por la sociedad.

 

La discriminación entonces, acepta que existe una infraclase negra e indígena diferenciable con la blanca que se siente excluida de la sociedad, rechaza sus valores, sufre de deficiencias de conducta así como deficiencias de ingresos. No solamente tienden a ser pobres sino marginados sociales y propensos a atribuciones de la mayoría de crímenes y actos violentos.

 

Los más pobres carecen de ingresos adecuados que les permitan acceder al consumo. No son sujetos de créditos financieros por lo cual no cuentan con tarjetas de crédito, debito, cheques u otras formas de dinero, la discriminación empieza entonces con la misma consecución de los medios para acceder a los bienes y servicios. Como escribe Vicente Verdú en su libro Yo y tú, objetos de lujo: “...la guerra contra la fealdad viene a ser como la otra batalla contra la discriminación, puesto que estos suelen cobrar menos, y en Holanda, Alemania, Francia o Estados Unidos, varias empresas han constatado una estrecha relación entre belleza notable y notables cargos y privilegios…..”.

 

Esta discriminación frontal sobre las minorías formó lo que denomino Bauman “la anormalidad de la infraclase”, regularizando la pobreza. La infraclase estaba situada fuera de los límites aceptados por la sociedad, y era solo una fracción de los considerados pobres. Se consideró entonces, que la infraclase consideraba el tema importante, la gente que vivía en la pobreza dejo de ser un tema de atención inmediata.

 

El tema de la participación en el mercado de trabajo y por consecuencia en la obtención de ingresos de la población minoritaria fue ilustrado de manera clara por Laureano Gómez, fundador de uno de los partidos políticos más importantes en Colombia, el partido conservador. Gómez argumentaba que el negro, el indígena y el mestizo eran un obstáculo para la unidad política y económica de América Latina. De los mestizos señalaba que conservaba lo que para él eran defectos de indígenas: un ser falso, servil, abandonado y que repugna todo esfuerzo y trabajo. O sea que en el mestizo había más de indígena que de blanco. Como solución pensaba que "solo en cruces sucesivos de estos mestizos primarios con europeos" se podría adquirir y manifestar la fuerza del blanco. Decía una vez más: "…El elemento negro constituye una tara: en los países en donde él ha desaparecido, como en la Argentina, Chile y Uruguay, se ha podido establecer una organización política y económica con sólidas bases de estabilidad..."

 

Doble encrucijada: no consumen porque carecen de los medios suficientes para obtener los bienes y servicios básicos, pero a su vez, son excluidos por no pertenecer a la elite de consumistas. Por otro lado, si llegasen a participar de las actividades del mercado como demandantes, existen barreras discriminatorias de inclusión ya que el racismo contra las etnias minoritarias no puede separarse de la condición de pobre y su vinculación directa a una clase social estigmatizada como “baja”.

 

Conclusión

 

Los medios de comunicación, controlados por las grandes empresas de la economía del mercado, desempeñan un papel esencial en la reproducción del racismo en tanto mantienen el control y la influencia en el comportamiento social de los individuos determinando y condicionando sus “libertades” de consumo. Los estereotipos de belleza, pureza y limpieza, se mantienen predominantemente sobre la población blanca, limitando y mostrando un virtuoso circulo del consumo en donde no participan las minorías. El papel de Estado es muy débil en este sentido, ya que por decisiones políticas ha perdido el control de los medios, a su vez, permitiendo su monopolio. Deberá entonces, retomar mayor control y democratizar esta actividad.

 

Reconocer la autonomía cultural de las etnias afrodescendientes e indígenas en América Latina, permitirá que estas permanezcan y nos muestren formas alternativas de una sociedad mas justa, con mejor y mayor nivel de bienestar, ya que han sido alejadas y tradicionalmente olvidadas y discriminadas de su cosmovisión. Esos instantes sublimes de reconocimiento a través del consumo, no son más que la muestra de inseguridad, soledad, y falta de afecto, que configura la infelicidad propia de la época actual. Mientras el hombre no sepa lo que quiere, desea o anhela, las ganas, el deseo y las aspiraciones van a ser moldeadas por la posesión y acumulación de bienes y servicios cambiando a consecuencia del consumismo, una vida dedicada a él.

 

 

Notas

 

(1) El termino “cultura” es entendido como la producción de fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración simbólica de las estructuras materiales, a comprender, reproducir o transformar el sistema social, es decir, todas las practicas e instituciones dedicadas a la administración, renovación y estructuración del sentido. García Canclini (1981:32).

 

(2) Ver Ischibashi (2003), para el caso Colombiano Restrepo (2007), Viveros (2007), para el Brasil, Borges (2004) entre otros. Estos tres países constituyen aproximadamente el 80% de la población afrodescendiente en América Latina.

 

(3) Al respecto es conveniente revisar los conceptos del racialismo vulgar del siglo XVIII, especialmente los trabajos del Conde de Buffón, e intelectuales europeos como Renán, Le bon y Godineau en donde definen las categorías jerárquicas propias de la discriminación hacia otras “razas” diferente al blanco-europeo. Dentro del orden jerárquico general, en la cúspide de la pirámide se encontraban los pueblos de la Europa septentrional encabezada por Francia, Alemania e Inglaterra, seguida por los demás Estados europeos. Luego, se ubicaban las poblaciones de Asia y África, y en la parte inferior de la escala, los salvajes americanos. Todorov (2003).

 

(4) El estereotipo sexual de la población afro descendiente esta referido a la época de la esclavitud, en donde, la cercanía de los amos sobre las esclavas domesticas negras, dio origen a la tradición de la Venus negra, Como lo señala la peruana Vanesa Verástegui Ollé..

 

 

Bibliografía

 

Arocha, J. y Friedeman, J. (1986). De sol a sol. Génesis transformación y presencia de los negros en Colombia. Bogotá, Planeta.

 

Bauman, Zygmunt (2007) Vida de consumo. Argentina, Fondo de Cultura Económica.

 

Bello, Álvaro y Rangel, Marta (2002). “La equidad y la exclusión de los pueblos indígenas y afro descendientes en América Latina y el Caribe”. Revista de la CEPAL 76. Abril.

 

Borges Martins, Roberto (2004) “Desigualdades raciales y políticas de la inclusión social, resumen de la experiencia brasilera reciente”, Serie Políticas Sociales N.82. Santiago de Chile, División de Desarrollo Social, CEPAL.

 

Bourdieu, Pierre (1988) La distinción. Madrid, Taurus.

 

Castells, Manuel (1974) La cuestión urbana. México, Siglo XXI, apéndice a la segunda edición.

 

Cimadamore, A., Eversole R., McNeish J. (coordinadores) “Introducción”. En: Pueblos indígenas y pobreza. Enfoques multidisciplinarios. (Buenos Aires: CLACSO 2006).

 

García Canclini, Néstor (1995) Consumidores y ciudadanos conflictos multiculturales de la globalización. Argentina, Grijalbo.

 

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Hopenhayn, Martin; Bello, Álvaro y Miranda, F. (2006). “Los pueblos indígenas y afro descendientes ante el nuevo milenio”. CEPAL. Serie Políticas Sociales N. 118 abril.

 

Horbath, Jorge (2006). “La discriminación laboral de los indígenas en los mercados urbanos de trabajo en México: revisión y balance de un fenómeno persistente” En: V Congreso AMET Trabajo y reestructuración: los retos del nuevo siglo. FLACSO-México.

 

Restrepo, Eduardo (2007). “Imágenes del “negro” y nociones de raza”. En: Revista de Estudios Sociales. N. 27. Agosto Pág. 46-61.

 

Todorov, Tzvetan (1991) Nosotros y los otros. México, Siglo XXI.

 

Viveros, Mara (2007). “Discriminación racial, intervención social y subjetividad. Reflexiones a partir de un estudio de caso en Bogotá”. En: Revista de Estudios Sociales. N. 27. Agosto Págs. 94-105.

 

Van Dijk, Teun (2003) Racismo y discurso de élites. España, Gedisa.

 

Publicado en el Semanario Peripecias Nº 89 el 26 de marzo de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre que se mencione la fuente.

 

 

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