Peripecias Nº 89 - 26 de marzo de 2008

CIUDADANÍA

 

Racismo en Ecuador

 

Todos somos negros

 

Alberto Acosta

 

 

A. Acosta es Presidente de la Asamblea Constituyente del Ecuador.

 

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Las multitudinarias marchas en muchos lugares del mundo en contra del racismo y la xenofobia, condensan la condena a una de las prácticas más detestables de la humanidad. Una lucha que además significa la aceptación de que todos los seres humanos, independientemente de su origen, color de piel y características físicas, somos iguales, tenemos iguales derechos a tener derechos, sin diferencias de razas. A esta acción en la búsqueda de la libertad, contribuyen los movimientos y las organizaciones indígenas y afroecuatorianas.

 

El racismo es un problema estructural que se expresa en situaciones concretas. Los datos de esta injusta, desigual e inequitativa realidad son reveladores: solo el 8 de cada 100 jóvenes afroecuatorianos están matriculados en la educación universitaria, frente a 20 de cada 100 jóvenes mestizos que han accedido a este nivel educativo. En cuanto al empleo, las cifras reflejan que los afroecuatorianos son más discriminados en sus lugares de trabajo: en un 60%, en contraposición a los blancos y mestizos con 34% y 33%, respectivamente. La pobreza en el país tiene rostro indígena. En la Sierra, para mencionar apenas una de las regiones del Ecuador, un 90,3% de los indígenas son pobres, mientras que de los habitantes blancos apenas un 32,5% y un 51,1% de los mestizos se encuentran en situación de pobreza. Adicionalmente, aquellos indígenas que se podría denominar de clase media sufren segregación social, según lo demuestran estudios.

 

Las diversidades sociales acumuladas en la historia, en la cultura, en la forma de vivir, en la comunidad, nos enriquecen y nos acercan. Nadie debería negar la riqueza cultural de nuestros pueblos ancestrales, su cosmovisión de la tierra como madre (la pachamama), algo que el planeta agradecería si se enraizara como opción de vida. Nadie debería tampoco olvidar que nuestra especie nació en el continente negro, allí donde sus pueblos han debido soportar la negación de la existencia como seres humanos, doctrina con la cual se justificó el convertirlos en objeto de mercancía, la abominable esclavitud, y que actualmente soportan la devastación de su tierra y la explotación de su fuerza de trabajo. Pero, a pesar de ello, o quizás por eso mismo, por su sangre corre un inmenso sentido de libertad. No es accidental que hayan sido nietos de esclavos negros los que crearon el jazz, la más libre de todas las músicas, una de las más hermosas por su espíritu vibrante, cambiante y libertario.

 

La búsqueda de la eliminación de toda forma de racismo se produce en momentos en los cuales la dominación del capital, a escala global, aparece como absoluta; de ahí, que ese rechazo mundial signifique también el combate a esa noción de raza que fundamenta la actual “colonialidad del poder”.

 

El racismo no es entonces sólo un problema social, es ante todo un problema político, que también se expresa y deriva como un problema de segregación económica, de exclusión y marginación. Es, incluso, un problema de carácter ambiental, pues no se respetan tampoco a los ecosistemas y territorios donde habitan esos pueblos.

 

La idea de “raza”, a la que nos hemos acostumbrado como identificación negativa, aparece como fundamento del patrón universal de clasificación social con la que se justificó la dominación supuestamente civilizatoria de unos pueblos sobre otros, surge hace 500 años al mismo tiempo que las expediciones de conquista de lo que conocemos hoy como América y África, contemporáneamente a la expansión del capitalismo. Es, a decir de Aníbal Quijano, “la más profunda y perdurable expresión de la dominación colonial, impuesta sobre la población del planeta en el curso de la expansión del colonialismo europeo”. Desde entonces ha sido la más profunda y eficaz forma de dominación social, material, psicológica y por cierto política.

 

De ahí que, siendo urgente, superar el racismo no es una tarea fácil. Necesario es reconocer que siempre estuvo en la agenda de las luchas de liberación del pueblo ecuatoriano como una de las transformaciones buscadas, por lo que nos corresponde retomar el combate contra toda forma de racismo, de discriminación y exclusión. Por ello, como herederos de Eloy Alfaro que abolió el concertaje de indios, manera encubierta con la que se mantenía la sumisión esclavista de los indígenas, y que fijó territorios para los pueblos afroecuatorianos, debemos consignar en la Constitución todos los derechos que promuevan las justicias y sobre todo las equidades para los pueblos, las etnias, el ambiente; desterrando todo aquello que realimenta la desigualdad e impide la democracia. Superando, además, las inequidades intergeneracionales y de género.

 

Los pueblos afro como los indígenas del Ecuador, demandan el ejercicio pleno de la democracia, la ciudadanía, la interculturalidad, el desarrollo humano con libertad y oportunidad, sin exclusión alguna. Sus propuestas constituyen consignas que deben ser impulsadas y defendidas por toda la sociedad, en todos los espacios de la vida cotidiana, en las escuelas, en los hogares, en los sitios de trabajo. Emplazan hacia la definición de políticas públicas y de un adecuado tratamiento en la nueva Constitución. Demandan políticas de acción afirmativa hacia superar su histórica condición de exclusión en tanto “víctimas históricas del racismo y la discriminación”.

 

La cuestión vista como un signo, un significante propio del capitalismo global nos conduce a asumir, en tanto que esa noción de “raza” implica el ejercicio concreto del poder de dominación, que “todos somos negros” (o que “todos somos indios”), en tanto todos estamos sujetos a un sistema de poder hegemónico que nos segrega y excluye; sólo así podremos comprender el contenido histórico de las luchas de nuestros pueblos, estigmatizados por su apariencia y distinción física, y finalmente invisibilizados con ese vocablo segregacionista de “raza”, e interiorizar esas demandas en los actuales procesos de cambio en los que está empeñada la mayoría de los habitantes de nuestro país.

 

(*) 21 de Marzo, Día Internacional de Lucha contra la Discriminación. El título busca ante todo llamar la atención sobre la implicancia de la noción de raza como una forma de ejercicio del poder y que, por lo tanto, nos implica a todos. El autor agradece los comentarios y aportes de colegas y amigos, particularmente de Alexandra Ocles.

 

Publicado en el blog del autor en la página de la Asamblea Nacional Constituyente del Ecuador el 26 de marzo de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 87 el 5 de marzo de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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