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María José Lucerga Pérez integra la
Universidad de Murcia.
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Podemos percibir una evolución desde el héroe-dios de las antiguas
civilizaciones (Marduk) hasta el héroe individual e histórico que nace con el
romanticismo, pasando por el intermedio semidivino de personajes como Gilgamesh,
Hércules, Aquiles, Eneas e incluso el mismo Jesús o de otros no por "humanos"
menos heroicos como Arturo, el Cid o Roldán. A la hora de enfrentarnos con ellos
podemos prestar atención a dos dimensiones: acción y percepción social.
Desde el primer punto de vista, un héroe es quien realiza acciones heroicas.
Alguien que, como señala Campbell, se ve obligado a enfrentar una serie de
pruebas para obtener algo valioso para sí mismo y para la humanidad. Si es aquí
donde detenemos nuestra mirada, lo que importa es el análisis de la figura desde
la perspectiva de la peripecia, de una misión que, como muestran los trabajos de
Campbell, Propp o Greimas, responde a una estructura universal.
También podemos optar por un acercamiento distinto, definiendo al héroe como
aquel que es percibido como tal por la sociedad. Éste entonces deja de ser
fundamentalmente alguien que actúa para pasar a ser alguien que representa, un
modelo optimizado de los valores que una comunidad entiende como buenos y
propios. La heroicidad se convierte así en una cuestión de percepción y de
consenso, en una concreción de la identidad colectiva. Es importante recordar
que dicha identidad no refleja tanto lo que somos como lo que creemos que somos
o lo que querríamos ser. Y que esto, a su vez, se define frente a lo que creemos
que no somos y a quienes creemos no ser. En otras palabras, la articulación del
nosotros necesita de la definición de un otro. Por eso, detrás de cada héroe
siempre hay un antagonista y detrás de cada superhéroe un villano. Tal vez
también por esta razón ha resultado tan desasosegante la experiencia del último
siglo. Descubrirnos al lado de Darth Vader en el reverso tenebroso no sólo ha
dado al traste con nuestras definiciones acerca del Bien y el Mal; de igual
forma ha barrido la frontera entre quienes somos y quienes no somos. Es posible
que debajo de los desesperados intentos de recuperación del concepto de Mal
absoluto (Bin Laden, el terrorismo islámico, el imperialismo yankee, el
nacionalismo separatista) y de las discusiones en torno al hecho diferencial
siga latiendo el miedo provocado por esta crisis unido a los vientos de
globalización en su acepción neoliberal.
Ahora bien ¿dónde entra en esta reflexión la figura del superhéroe? Para Rafael
Marín, el superhéroe no es otra cosa que una hipertrofia del concepto de héroe
tradicional dada por los superpoderes (que lo conectarían con los dioses) y por
una conexión mantenida a través de una función –realizar acciones heroicas– y
dos virtudes –valentía física y rectitud moral–, que se asocian a dos conceptos
básicos en cualquier discurso propagandístico: AMENAZA y LEGITIMIDAD.
Esta conexión no es ni implícita ni fortuita. Por el contrario, es reconocida
por los propios creadores de superhéroes:
• Stan Lee y Jack Kirby, padres del universo Marvel, hablaban de los superhéroes
como el actual cauce de los mitos latinos, nórdicos y sajones, y no está de más
recordar que Thor forma parte del panteón Marvel.
• Jack Kirby, en una entrevista concedida a la revista Amazing Heroes recogida
por Rafael Marín, señalaba lo siguiente:
"Las historias de superhéroes son el equivalente de hoy de las leyendas de los
dioses. Son una forma de trascendernos. Una forma de entretenernos. Realmente no
existen cosas tales como dioses, pero están en nuestras propias interpretaciones
de estas cosas. Ellos son nosotros. No son sólo individuos; son representaciones
de la humanidad. Los dioses son más grandes que nosotros porque son todos
nosotros. Naturalmente, siendo todos nosotros, tienen que ser presentados de una
manera poderosa. Los dioses representan nuestro potencial para el bien y para el
mal. Hacen a gran escala lo que nosotros mismos somos capaces de hacer, para lo
bueno y para lo malo".
• Los creadores de Superman, Jerry Siegel y Joe Shuster, concibieron a su héroe
como una mezcla de Hércules y Sansón, aparte de las otras conexiones que hemos
señalado anteriormente. Algunos autores, como Gaston Soublette, incluso llegan a
teorizar con la doble identidad de Superman como metáfora del mesías judío.
• Wonder Woman desciende de las Amazonas mitológicas.
• El grito de guerra del Capitán Marvel, SHAZAM, procede de las iniciales de
Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio.
• La Liga de la Justicia conecta con los Caballeros de la Tabla Redonda.
• El héroe-villano de Watchmen, Ozimandias, construye su carrera siguiendo
literalmente los pasos de Alejandro Magno y adopta como propio el nombre griego
de Ramsés II.
Una vez ha quedado clara la continuidad en cuanto al origen, podemos pasar a
examinar la figura del superhéroe como principio identitario, articulando la
reflexión alrededor del binomio inclusión/exclusión, que se naturaliza a su vez
como oposición bien/mal. Ambos toman cuerpo en una red de oposiciones
secundarias.
Nosotros / ellos
1. A nivel individual, esta oposición se concreta en la pareja héroe/villano o,
lo que es lo mismo, en valores asumidos por el colectivo social vs transgresión
de dichos valores. En los cómics clásicos suelen negarse las raíces
estructurales del mal, reflejándose éste casi siempre en figuras singulares.
Ejemplos de este tipo de villano son el Lex Luttor de Superman, el Duende Verde
de Spiderman o el Joker de Batman.
2. A nivel colectivo, nosotros/ellos se vierte en la oposición aliado/enemigo,
siendo el último un concepto abierto a la evolución histórica. Así, el Capitán
América ha luchado contra los nazis en la II Guerra Mundial, contra el comunismo
en Corea y Vietnam, contra Sadam Hussein en la Primera Guerra del Golfo y contra
Osama Bin Laden. La figura del traidor se perfila como un elemento de transición
que simboliza el "Mal que está dentro".
3. Una tercera concreción la podemos observar en el contraste superior/inferior.
Al igual que el héroe, el superhéroe nace como la encarnación de la
superioridad: de sí mismo sobre la colectividad y de la colectividad que lo ha
erigido como héroe sobre otras colectividades. Ésta es una de las oposiciones
identitarias básicas en los totalitarismos y en los colonialismos y atraviesa
desde los discursos de Hitler hasta las aventuras de Allan Quattermain, de
Indiana Jones o del Capitán América.
Dentro de la ley/fuera de la ley
La segunda gran oposición que sirve para aterrizar el principio de
inclusión/exclusión en los cómics de superhéroes es dentro de la ley/fuera de la
ley. En un primer estadio, los superhéroes se ubican en el lado izquierdo del
par. Superman, Batman, Spiderman o casi todos los héroes de Watchmen (Justicia
Encapuchada, la Polilla, Espectro de la Seda, el primer Búho Nocturno, Rorschach,
etc.) luchan fundamentalmente contra la delincuencia, entendida ésta como
atentado contra la vida, contra la seguridad o contra la propiedad privada. Sin
embargo, en los cómics postmodernos como el Batman de Miller los mismos
superhéroes se colocarán en el extremo opuesto, pasando de representar una
protección a representar una amenaza y a ser considerados traidores o enemigos
por sus propias sociedades. La lucha entre Superman (dentro) y Batman (fuera) en
El regreso del Señor de la Noche o la aprobación del Acta Keene de 1977 en
Watchmen, por la cual son declarados "fuera de la ley" todos los encapuchados, a
excepción del Comediante y el Dr. Manhattan que trabajan para el Gobierno, son
una muestra de esta evolución. Llevada a su extremo, esta oposición confluye con
la primera en el par propio/extraño, poniendo en crisis el papel del superhéroe
como principio de inclusión/exclusión, como veremos más adelante. El Batman que
resucita a sus cincuenta y tantos años o la pura fuente de energía que
representa el Dr. Manhattan no son "uno de los nuestros" ni se sienten como
tales.
El presente texto es una sección
del
artículo “Del uniforme del Capitán América al azul desnudo del Dr Manhattan:
ascenso y caída del superhéroe como principio de construcción identitaria”, por
María José Lucerga Pérez (Universidad de Murcia). Ha sido publicado en Tonos,
revista electrónica de estudios filológicos (No 8, 2004). Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 6 el 19 de julio
2006. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos.
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