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Estamos ya en medio de la vorágine de una crisis alimentaria mundial. Los
precios de los alimentos se han disparado desde el 2002 a la fecha, de acuerdo a
la FAO, en 140 por ciento y las tendencias son a una mayor alza, lo mismo que el
petróleo.
Esta crisis se veía venir y muchos países tomaron previsiones. Salvo los
peruanos, atávicamente imprevisores. Peor que eso: en un pronunciamiento dado a
conocer el 24 del mes pasado, con ocasión del Día del Campesino, CONVEAGRO
denuncia que el agro peruano sigue abandonado y marginado por el régimen
alanista y que “las medidas dictadas por el gobierno para impulsar el agro
colisionan frontalmente con los intereses y expectativas de millones de
productores agrarios...”.
Diálogo improductivo, compromisos que no se cumplen y que son letra muerta,
privatización de Agrobanco, Comunidades Nativas y Campesinas amenazadas,
lentitud y burocratismo para la importación de fertilizantes, una “Sierra
Exportadora” que no beneficia a los campesinos andinos, productores de papa
castigados con precios miserables, puertas abiertas a los transgénicos desde el
propio Ministerio de Agricultura, son sólo algunas de las causas de la grave
situación del agro nacional puntualizadas por CONVEAGRO.
Entretanto, la crisis se profundiza y ya hay más de 100 millones de pobres que
han caído en la extrema pobreza y que ya no pueden acceder a los alimentos.
De acuerdo a un estudio del Banco Mundial, el 75 por ciento de la subida de los
precios alimenticios se debe a los biocombustibles, aunque para Estados Unidos,
el principal promotor de esta producción que está arrebatando millones de
hectáreas de tierras a los alimentos, es sólo del 3 por ciento.
El alza incesante del precio del petróleo y el cambio climático global están,
igualmente, en los orígenes de esta crisis. Pero sobre todo la apertura de los
mercados, la desregulación, la eliminación de los mecanismos de salvaguarda, los
subsidios de los países ricos a su agricultura y la inversión pública a
cuentagotas en el campo (sólo el 4 por ciento de la inversión pública se ha
orientado al agro en el último cuarto de siglo) explican que muchos países hayan
perdido su seguridad y soberanía alimentarias.
Mientras la tragedia del hambre toca a nuestras puertas, el régimen alanista se
llena la boca de discursos triunfalistas. Ojalá que el paro nacional del 9 de
julio lo haga recapacitar.
Publicado en el diario
La Primera de Lima el 8 de
julio de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 104 el 9 de julio de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |