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H. Campodónico es un destacado economista peruano.
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Queda claro que la inflación, después de varios años, ha vuelto al primer plano
de las preocupaciones económicas en todo el mundo. Son dos los rubros que
contribuyen a su aceleración: los combustibles y los alimentos. Cada uno de
ellos es explicado por factores estructurales y coyunturales, lo que es materia
de amplio análisis en los medios de prensa. Y la conclusión es que los factores
estructurales de ambos mercados pesan más que los coyunturales, lo que quiere
decir que los precios continuarán en esos niveles (o seguirán creciendo) por
muchos años.
Se sabe que la inflación golpea más a los sectores de menores ingresos y, sobre
todo, a los pobres. Esa regla es general. Pero hay particularidades que
determinan diferentes niveles de impacto del aumento de los alimentos. Así, por
ejemplo, en EEUU el peso de los alimentos en la canasta promedio de las familias
es de 16%. La cosa es distinta en los países africanos, donde ese mismo peso es
70 a 75%. Por tanto, si bien el alza de alimentos preocupa a los
norteamericanos, para los africanos el problema es, literalmente, de vida o
muerte.

¿Y cómo está América Latina? Veamos. En el Perú el peso de los alimentos es el
47.5% de la inflación que mide el INEI, sobre la base de un ingreso de S/. 1,200
soles mensuales para una familia de 5 personas. Este 47.5% es enormemente alto
comparado con Brasil, Argentina, México, Venezuela, Chile y Colombia (ver
cuadro), donde el peso de los alimentos en la canasta promedio es muchísimo
menor (*).
Esto no se debe a que los alimentos en el Perú sean más caros que en los otros
países, pues el nivel promedio de precios de los alimentos es parecido. La
cuestión es que en el Perú la pobreza es más alta y el salario es más bajo, por
lo que se destina una mayor porción de los ingresos en alimentos. A lo que se
agregan tres elementos que agravan la situación:
1) que para los sectores pobres D y E de Lima, según cálculos de Apoyo, el peso
de los alimentos en la canasta es de 55 y 59%, respectivamente.
2) Que la inflación que considera el BCR de 3.9% es solo la de Lima. Pero la
inflación "del Perú que no es Lima" es mucho mayor: según el INEI fue de 4.94%
(en Arequipa fue 8.7%, en Huancayo 6.1%). Y el poder adquisitivo "en provincias"
es menor que el de Lima, porque el nivel de pobreza es mayor.
3) el Perú es un país importador neto de alimentos, como resultado del abandono
de las políticas de soberanía alimentaria.
En el Perú, entonces, la inflación de alimentos "se siente" más porque hay más
pobreza y se gana poco y a que la legislación vigente es antitrabajador, como es
ampliamente conocido. Por ejemplo, a diferencia de Argentina, Colombia y Chile
no está institucionalizado el aumento anual del salario mínimo. Además, muy
pocos trabajadores están en planilla, por lo que casi no tienen beneficios
laborales. A lo que se agrega que el DL 1086, Ley MYPE, ahora establece que la
"pequeña empresa" abarcará hasta 100 trabajadores, lo que implica el recorte de
salarios y de derechos sociales.
Es el resultado de los extremos de la política neoliberal, por lo que urge poner
el péndulo al medio en las relaciones entre Estado y mercado. Así van las cosas
en este país que crece con cifras de dos dígitos, pero que no reparte sus frutos
de manera igualitaria. Es eso lo que explica y legitima la protesta social del
Paro del 9 de julio.
Nota:
(*)
La información proviene de un trabajo reciente presentado al Consorcio de
Investigación Económica y Social, CIES, por el economista Hugo Perea, del BBVA.
Publicado en el diario
La República de Lima el 8 de
julio de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 104 el 9 de julio de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |