|
 |
|
|
A. Acosta es economista, ex Presidente de la Asamblea
Constituyente del Ecuador.
¿Desea comentar
este texto? Si es así complete el formulario de comentarios -
seguir
...
|
|
|
|
 |
|
|
|
Para ninguno de nosotros es desconocido que vivimos una época de búsqueda de
alternativas, que hemos superado la etapa de la resistencia. [1] Las opciones y
las posibilidades de encontrar las respuestas adecuadas son múltiples, complejas
y en ocasiones contradictorias. Creo fundamental entender, que para superar el
capitalismo tenemos que trabajar con visión utópica de futuro, arrastrando, en
un inicio, muchas de sus taras para llegar a caminar sin los pies del
capitalismo.
El capitalismo no se supera por decreto. No desparecerá por una simple voluntad
impuesta o por efecto de declaraciones líricas; pensar que ese es el objetivo
constituye un grave error y no hace bien a los procesos de cambio. Es importante
entonces, estar conscientes de que la tarea de superar el sistema capitalista es
muy compleja y difícil, debido a las mismas limitaciones impuestas por este
sistema, por lo que el reto para los pueblos de la América Latina y el mundo es
particularmente arduo. Pero es una tarea indispensable, porque las condiciones
actuales del capitalismo no permiten esperar más, no se puede mantener a largo
plazo un modelo que resulta depredador, no sólo de la mano de obra, sino sobre
todo de la Naturaleza.
Es, a no dudarlo una tarea de innegable creatividad, que nos remite al viejo
Carlos Marx, cuando, en el prólogo de la primera edición de El capital, él ya
anticipó que su obra fue escrita pensando en "lectores que quieran aprender algo
nuevo y que, también, quieran pensar por sí mismos" ("Ich unterstelle
natürlich Leser, die etwas Neues lernen, also auch selbst denken wollen").
Para salir del capitalismo, en definitiva, no hay espacio para dogmas y
respuestas ortodoxas.
Quisiera plantear algunas ideas que inspiran al neoliberalismo, dentro de la
lógica del sistema capitalista, para estar conscientes de cuáles son aquellos
aspectos medulares que tenemos que desmontar. La eliminación del neoliberalismo
no significa necesariamente acabar con el capitalismo, que es "un sistema de
valores, un modelo de existencia, una civilización: la civilización de la
desigualdad", como lo entendía el economista austríaco Joseph Schumpeter.
Los valores fundamentales de esta civilización, desde una perspectiva filosófica
e ideológica, se nutren de una serie de mensajes que han calado hondo en nuestra
sociedad, así como de supuestos que difícilmente se cumplen en la realidad. En
primer lugar, está el mito de que si, en un ambiente de competencia y
"libertad", cada individuo busca su beneficio personal, se logra al cabo el
beneficio de todos –el óptimo social– idea que se conoce como teorema del
bienestar. Esta es una visión ideológica sin futuro, que aun en la ciencia
económica neoclásica se reconoce como una excepción, pero que ha marcado con
profundidad la visión de nuestros países. Se trata de uno de los mensajes más
poderosos y uno de los elementos más vigorosos sostenidos por el neoliberalismo,
pues ha sabido apropiarse de un valor tan importante como la libertad; valor
fundamental para cualquier transformación revolucionaria y que, por lo tanto,
debe también estar presente en el actual proceso de cambios.
En segundo lugar, también se ha dicho que no podemos en este momento dar pasos
hacia la redistribución de la riqueza, porque resultaría en una redistribución
de la pobreza. Nos quieren convencer de que la alegoría del pastelero es la más
adecuada; es decir primero hay que preparar el pastel, dejar que crezca, tenerlo
listo, y luego distribuirlo. Pero esta lógica, por demás parcializada, ignora la
forma sistemática en que se entrelazan los procesos económico-sociales de
producción, distribución e incluso, acumulación. Un sistema productivo sólido y
creciente se sustenta en una adecuada distribución –que permita potenciar y
aprovechar las capacidades creativas y productivas de todos los individuos– y a
su vez, un sistema distributivo es más eficaz mientras mayor sea la producción a
ser distribuida. Lamentablemente la mencionada alegoría del pastelero ha estado
muy presente en las élites de nuestros países, cuando escuchamos, una y otra
vez, argumentos contrarios a una redistribución, lo cual en sí ya entraña una
visión perversa de cuáles son los elementos que debemos abordar.
En tercer lugar, como eje de la teoría del comercio internacional, se ha
introducido con mucha fuerza la idea de que debemos especializarnos en la
producción de aquellos bienes que nos reportan mayores ventajas comparativas y
competitivas, que en el caso de la América Latina, vendrían a ser la producción
agrícola y las actividades extractivas. Esta visión dio paso a un irresponsable
proceso de reprimarización de nuestras economías, desmontando los nacientes
procesos de industrialización y retornando a ser productores y exportadores de
materia prima.
Todos estos elementos configuraron la base de la nueva división internacional
del trabajo motivada por el capital transnacional, un capital que incluso ha
llegado a formar parte del poder político difuso que influye en nuestras
economías y en nuestras sociedades. El poder del Estado tradicional se ha visto
debilitado grandemente por este poder político difuso transnacional, que cuenta
con una serie de elementos locales, los cuales le sirven de sostén para fomentar
esta propuesta.
En este contexto, tenemos que reconocer que en el Ecuador, el modelo neoliberal
se adentró de una manera profunda. Es cierto que no se privatizó todo, es cierto
que no se implementaron todas las lógicas como en Chile, en Bolivia o en la
Argentina, pero no se puede negar que la política económica del Ecuador se
sujetó, casi de una manera rigurosa, a los mandatos del Fondo Monetario
Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Evidencia de aquello fueron la
desestructuración de la planificación del desarrollo y la reducción de la
participación del Estado en la actividad económica en favor de las
privatizaciones. ¡Cuántas veces el FMI dio instrucciones al Congreso ecuatoriano
para introducir reformas acordes con las expectativas de las cartas de
intención! ¡Cuántas veces la lógica del Consenso de Wáshington fue el motor y el
mecanismo para organizar la economía! Basta mencionar como ejemplo el Fondo de
Estabilización Petrolera, que si bien suena muy razonable, lo único que
pretendió fue acumular recursos para pagar la deuda externa, en desmedro de la
inversión pública, en particular de la inversión social. La lógica era abrir la
economía ecuatoriana en función de las demandas de los capitales transnacionales
y sobre todo de los acreedores de la deuda externa.
El Ecuador dio paso a una profunda liberalización financiera: la apertura de la
cuenta de capitales en el país llegó incluso a superar los niveles que se habían
dado en Chile y en Bolivia. Lo cual, unido a un irresponsable proceso de
desregulación financiera que minimizó los controles sobre la banca, fue
debilitando el ya frágil aparato financiero nacional. En este contexto de
liberalización y desregulación financiera, apoyado por el FMI, se dio paso al
salvataje bancario, con un costo enorme para el país, cerca de seis mil millones
de dólares, en términos netos; salvataje apoyado y alentado por un Banco Mundial
adormilado por la ortodoxia neoliberal y carente de iniciativas. Una cosa era el
discurso y otra la práctica, una cosa es lo que se dice del funcionamiento de
los mercados que fomenta las ganancias privadas, en donde el Estado debe
preparar las condiciones para garantizar la acumulación del capital. Pero cuando
aparecen los problemas, el mercado no es el culpable sino el Estado: la sencilla
razón de este discurso es impedir que se afecte a las verdaderas estructuras de
poder.
Por otro lado, es muy importante tener en cuenta que en nuestro país, como en el
resto de la América Latina en el contexto neoliberal, se dio paso a una
sistemática precarización de las relaciones laborales. La tercerización y la
intermediación laboral fueron manifestaciones claras de cómo se buscó
flexibilizar la mano de obra en función de garantizar los niveles de
"competitividad internacional", esta nueva división internacional del trabajo
sustentada en que los recursos naturales y la mano de obra barata son
desechables. Esto contribuyó al deterioro en las condiciones de vida de los
trabajadores y a la sobreexplotación de la Naturaleza.
En cuarto lugar, debe mencionarse que el proceso de privatizaciones que se
impuso en toda la región, tuvo pocos avances en el Ecuador, por algunas razones,
en particular por la propia voracidad de los grupos de poder que, en
determinadas ocasiones como el ámbito de la telefonía, impidieron su
privatización. También debe ser reconocida la posición combativa que demostraron
los movimientos sociales ecuatorianos durante todo el período neoliberal. Sin
embargo, no es menos cierto que a muchas empresas públicas se les fue
debilitando sistemáticamente; algunas desaparecieron, como INECEL, la encargada
de la generación y distribución de electricidad, y quedaron las empresas
eléctricas con un Fondo de Solidaridad, condenadas a ser privatizadas. A la
empresa estatal de petróleos, PETROECUADOR, que es la más grande y la más
importante del país, sistemáticamente se le ha venido descapitalizando sin darle
la oportunidad para que funcione como empresa.
En quinto lugar, creo que es importante también examinar –como uno de los
elementos que hay que tomar en cuenta para la búsqueda de alternativas– la
pérdida sistemática de soberanía jurídica de nuestros Estados, para dar paso a
una economía que ha favorecido la acumulación de capital en detrimento de los
seres humanos. Tanto ha sido así, que el inversionista extranjero tiene más
ventaja que el inversionista nacional. El inversionista extranjero que tiene una
disputa con el Estado no la ventila en el marco de la justicia ecuatoriana, sino
que se acoge al arbitraje internacional. En el momento actual, el Ecuador tiene
demandas en los foros de arbitraje internacional por un monto cercano a los diez
mil millones de dólares por distintos reclamos, para lo cual se han implementado
una serie de leyes y normas que han menoscabado nuestra soberanía.
En este contexto, es necesario construir alternativas con base en un proceso
plural. No hay un proceso unidireccional, no hay un proceso que tenga un solo
camino, ni un solo actor, sino que tiene que ser eminentemente un proceso
participativo. Tiene que ser un proceso revolucionario y plural en términos de
sus orígenes, de su contexto, de su contenido; creo que esto es la base
fundamental para la construcción de alternativas.
En el caso ecuatoriano, en el momento histórico en que nos encontramos, podemos
decir que esto se ha logrado gracias a un movimiento, y a un presidente que
tiene un gran liderazgo, una gran fortaleza y una gran capacidad, los cuales,
por supuesto, están ayudando a transformar la historia.
Sin embargo, para llegar a esa coyuntura se acumularon históricamente las luchas
de los pueblos indígenas, de los afroecuatorianos, de las mujeres, de los
trabajadores, de los ecologistas, de todos los habitantes del país, del campo y
de la ciudad. Empezando, incluso, con algunos empresarios honrados, patriotas,
que han contribuido a este proceso. Debemos ser conscientes de que estamos
viviendo, no el comienzo de un proceso, sino el resultado de la acumulación de
luchas históricas que coinciden en un momento dado, no casualmente, en el
Ecuador, Venezuela, Bolivia, Brasil, la Argentina, Uruguay, Chile, Nicaragua y
ahora también, Paraguay. A pesar de que tenemos limitaciones burocráticas, es
también parte de este proceso que se enmarca perfectamente dentro de esta
transformación democrática en la América Latina.
Algo que es muy importante señalar, es que las luchas son plurales, los sujetos
son también plurales. No hay una vanguardia única, indiscutible, que lidere este
proceso. Hay muchos grupos, muchos actores que se suman a este proceso
contradictorio y positivo, difícil; todos con sus aportes. Esto hay que
entenderlo, porque esta lucha, para que tenga éxito, tiene que ser unitaria, y
tiene que ser compartida. Yo no veo la lucha del pueblo indígena aislada de la
lucha de las mujeres, o aislada de la lucha de los ecologistas: todas ellas
forman parte de la misma lucha y de la misma estrategia unitaria.
Es crucial que tengamos claridad en los contenidos: no existe lucha sin
contenido. Por ejemplo, estamos enfrentando a la sobreexplotación, pero también
a la marginación de los seres humanos. Suena duro, pero hay sectores de la
población (los más pobres) que ni siquiera tienen el "privilegio" de ser
explotados, pues están al margen de la lógica del capital, y no cuentan siquiera
en las estadísticas que se hacen a nivel internacional. Cuál es la libertad que
otorga el mercado a estos sectores, me pregunto.
En la matriz de explotación del sistema capitalista también está la lucha de las
mujeres por equidad de género, está la lucha de los pueblos indígenas y de los
grupos de origen africano por superar el racismo y las marginaciones étnicas,
está la lucha por recuperar los problemas de inequidad ambiental, está la lucha
por superar los problemas de inequidad intergeneracional. Son múltiples luchas,
múltiples inequidades, múltiples procesos que tienen que ser entendidos e
integrados en una lucha grande, en una revolución plural, unitaria y
democrática.
En este contexto, y para concluir, plantearía cinco elementos que me parecen
fundamentales, priorizando lo económico. Creo que es importante poner en
consideración la necesidad de ir construyendo la visión del país que queremos,
ir elaborando colectivamente una visión de país diferente. Una de las
características en la etapa de la resistencia ha sido defendernos de todas las
avalanchas que venían de afuera, defendernos de todas las avalanchas creadas,
incluso, desde adentro, defendernos de todo sistema marginador, que incluso,
como decía inicialmente, influyó en amplios sectores de la sociedad para tener
como patrones de vida aquellas visiones, del individuo libre, en un ambiente de
competencia para lograr el beneficio personal, como camino único para el
desarrollo. Aquellas visiones según las cuales primero había que fomentar la
riqueza para después distribuirla. Aquellas visiones que nos dicen que tenemos
que dedicarnos a producir únicamente los bienes para los que estemos mejor
dotados, sin considerar una perspectiva de desarrollo a largo plazo. Todos estos
elementos nos limitaron para construir una visión de futuro.
Otra de las tareas: no es suficiente transformar sólo al Ecuador, porque no
basta la transformación de un país para la transformación mundial, sino que hay
que comenzar a pensar también a nivel internacional, y eso implica, entonces,
dar paso a la superación de una serie de taras que hemos acumulado a lo largo de
los tiempos. Una de ellas es la colonialidad del poder. Aquella visión que se
nos ha hecho creer, de que nuestro camino es reeditar los estilos de desarrollo
de los llamados países desarrollados. Entonces, para superar esa colonialidad
hay que pensar y construir una nueva opción de vida: un nuevo modelo de vida
diferente a la propuesta de los dominadores.
En segundo lugar, y esto me parece a mí fundamental, y ojalá lo podamos plasmar
en Montecristi en la Constitución: que en el eje de cualquier actividad
económica tiene que estar como centro el ser humano. No como en el modelo
neoliberal, donde el capital está sobre el ser humano. Se trata de un asunto
fundamental que se refiere al sentido histórico de las grandes transformaciones
en la América Latina. Yo veo, ahí, países que están optando por este camino, y
que ponen al ser humano como centro de cualquier actividad.
El ser humano como eje y como razón de ser de cualquier actividad, por lo tanto
el factor trabajo como principal elemento para las transformaciones productivas.
El ser humano conviviendo con la naturaleza, no dominándola y tratando de
destrozarla porque eso no tiene futuro. El ser humano, entonces, tiene que
asumir esa tarea fundamental. Ahí se eleva toda aquella visión del "buen vivir",
que no puede ser confundida con el concepto de bienestar que tienen los países
más ricos –yo no los llamaría países desarrollados–. El "buen vivir" nace de la
experiencia de vida colectiva de los pueblos y las nacionalidades indígenas.
Busca la vida armoniosa entre los seres humanos y de estos con la Naturaleza.
Creo que ese es un elemento fundamental para pensar una sociedad diferente, una
sociedad que rescate los saberes y las tecnologías populares, la forma solidaria
de organizarse, de dar respuesta propia, porque ese es el camino que nos queda
por delante y en ese sentido, el "buen vivir" debe, de hecho, tomarse como una
respuesta antisistémica al concepto individualista del bienestar.
En tercer lugar, en esta coyuntura de búsqueda de alternativas, tenemos que
superar aquella visión, a mi modo de ver equivocada, que se enfoca en el dilema
más Estado o más mercado, y que deriva en una confrontación Estado vs. mercado.
El camino estadocéntrico no ha funcionado, no ha dado claras respuestas ni para
los individuos ni para la colectividad y en muchos casos ha devenido en procesos
autoritarios. Pero también han fracasado los caminos del mercado, que asume que
todo se puede mercantilizar y que todo puede ser sujeto a la lógica del mercado.
Es importante, entonces, replantearnos el Estado, que tiene que volver a tener
la capacidad de planificar, un Estado que tiene que tener la capacidad de
regular y de controlar, un Estado que debe poder intervenir en la economía
cuantas y tantas veces sean necesarias, pero con lógicas racionales para que sus
empresas funcionen como tales y no sean simplemente entidades burocráticas con
una serie de privilegios al margen de la realidad nacional.
Pero también al mercado hay que replantearlo. El mercado no es sinónimo de
capitalismo, estuvo ahí cuando apareció el capitalismo, este se apropió del
mercado. El mercado existía, incluso, en las comunidades indígenas antes de que
llegaran los españoles. Tiene que ser visto como una construcción social o, para
decirlo en palabras de Karl Polanyi, quien hace más de medio siglo, en su obra
clásica La gran transformación, fue categórico al señalar que: "el mercado es un
buen sirviente, pero un pésimo amo". Eso nos lleva a la necesidad de establecer
mecanismos para combatir los monopolios, las prácticas oligopólicas, para tener
un mercado transparente al servicio de los seres humanos.
Pero es muy importante considerar que Estado y mercado no lo son todo: entre dos
patas no vamos a sostener la mesa, la tercera pata es el poder social, el poder
ciudadano, que tiene que ser el que controla el Estado y el mercado, el que
organiza el Estado y el que organiza el mercado. El Estado no nos da derechos:
los ciudadanos tenemos que promover nuestros derechos para elaborar las leyes y
elaborar la Constitución, no al revés. Las leyes no nos dan derechos, nosotros,
los individuos y las colectividades, tenemos que rescatar esos derechos para
transformar la Constitución. Asimismo, no es el mercado el que genera
producción: somos los ciudadanos (sea como consumidores, trabajadores o
empresarios) quienes le damos un cuerpo al mercado, y así como le damos cuerpo,
debemos otorgarle un alma que debe nacer de una fuerte base ética, solidaria y
por qué no, patriota.
La Naturaleza tiene que ser el elemento fundacional de cualquier nueva economía.
No podemos tener lógicas de acumulación, como la explotación petrolera en la
Amazonía, con tasas internas de retornos que suelen estar en el 30%. Mientras si
la ponemos en la misma lógica de tasa interna de retorno, la capacidad de
recuperación de la selva no llega ni al 2%. En algún momento este tira y afloja
con la Naturaleza se va a romper y va a provocar una hecatombe, y sin querer ser
alarmistas, el calentamiento global y la naciente crisis planetaria de
alimentos, provocados por la lógica capitalista, podrían ser tan sólo el
principio del fin. El meollo del problema consiste en que la sociedad occidental
consumista ha hecho de la Naturaleza simplemente un objeto de propiedad y no
considera a la Naturaleza como un todo: esta puede existir sin seres humanos,
nosotros jamás sin ella.
Nótese la diferencia con la visión de la Pacha Mama, de nuestros pueblos
originarios, que ven a la Naturaleza no como objeto, sino como sujeto vivo. Y
eso es algo que queremos rescatar y transmitir en nuestra nueva Constitución al
poner a la Naturaleza como sujeto de derechos, para comenzar a plantearnos otras
formas de organizar la sociedad. Si lo entendemos de esa manera, podemos llegar
a tener una lógica social muy interesante, incluso productiva, sustentable.
Nosotros no vemos a la madera, los bananos, el agua, los minerales, el subsuelo
sólo como mercancías o como recursos para ser explotados, pues esa sería una
visión muy parecida a la visión de los traficantes de esclavos. Sin lugar a
duda, va a ser una tarea difícil y compleja, y es uno de los grandes retos en
los que estamos empeñados en buscar transformaciones.
Esto estaría incompleto si no entendemos que hay que dar apertura a la cultura:
en nuestro país no hay una sola cultura ni una sola lógica. Hay muchas culturas
y muchas lógicas. Se tiene que partir por reconocer las nacionalidades y los
pueblos indígenas como base de cualquier transformación de largo plazo: es uno
de los grandes retos y de los temas más complejos que tenemos entre manos.
Desde esa perspectiva, hay que entender que hay muchas formas de hacer economía,
no es sólo la economía estatal, no es sólo la economía privada, hay economía
mixta (estatal-privada). Pero también hay otras formas de hacer economías que
tienen que ser reconocidas en términos de título de propiedad y en términos de
sus derechos para acceder al crédito. Por ejemplo, la economía cooperativa, la
economía comunitaria, la economía asociativa, la economía familiar, reconociendo
el caso de nuestro país, que ha vivido una tremenda estampida migratoria.
Tenemos que reconocer que hay otras racionalidades económicas, y eso implica
también distintas necesidades, distintas visiones, cuyo reconocimiento es
indispensable y necesario para dar paso a otra política económica.
Las grandes industrias, los grandes bancos, los grandes comercios, las fincas de
exportación aglutinan el grueso de la inversión del capital, de los activos, de
las exportaciones, de las inversiones. Más del 90%, pero no generan ni la mitad
de los puestos de trabajo, y tienen una bajísima tasa de retorno del rendimiento
del capital. Mientras que la llamada economía tradicional tiene una elevada tasa
de retorno del rendimiento del capital y genera el mayor porcentaje de puestos
de trabajo. Pero al no tener capacidad de ahorro, no son sujetos de crédito y no
tienen posibilidades de invertir. Se debe pues trasladar recursos de los
sectores modernos a los sectores tradicionales, y generar mecanismos de
capacitación para ir construyendo la base de lo que podría ser otra economía.
Por último, me parece fundamental hablar de soberanía en un proceso plural. No
de soberanía en abstracto, no hay una sola soberanía. Hay que superar la visión
estrecha del siglo XIX y a la del siglo XX, que veía a la soberanía simplemente
para garantizar nuestras fronteras, llenar de tropas las fronteras con el fin de
impedir que nuestros enemigos nos avasallen. Hay otras soberanías que son mucho
más importantes, y que no sólo hay que hablarlas sino que hay que ejercerlas:
• La soberanía alimentaria, que puede hallar una gran cantidad de respuestas en
los campesinos locales y la economía en general.
• La soberanía energética: ¿cómo es posible que en un país como el Ecuador, con
su riqueza hidrográfica e hidrocarburífera, tengamos que importar derivados del
petróleo para generar electricidad y peor aún, importarla de los países vecinos?
Cuando podríamos autoabastecernos y exportar electricidad gracias a nuestras
capacidades, y con un mínimo de afectación a la naturaleza y a las comunidades.
•
Tenemos también que rescatar las soberanías cultural y educativa, que son otras
de las bases fundamentales, recogiendo todo el potencial y todas esas
capacidades existentes en nuestros pueblos y en nuestras nacionalidades.
•
Hay que hablar también, si se quiere, de la soberanía del cuerpo. Pero no como
un sí o un no aislado del contexto social en que vivimos, sino reconociendo que
debemos encaminarnos hacia una adecuada política de educación, información y
prevención.
•
Pero hay que hablar también y por sobre todo de la soberanía jurídica, que es
fundamental. Si no tenemos soberanía jurídica, pienso que no avanzaremos. Con
entusiasmo, por ejemplo, se dio un paso importante en este sentido, pues entre
los cinco primeros artículos que se discutieron en la Asamblea Constituyente, en
la Mesa No. 9 –la Mesa de Soberanía– se aprobó también el hecho de que en
nuestro Ecuador no puede haber bases ni tropas extranjeras, porque este es un
país de paz.
Esas son respuestas que tenemos que dar en un proceso de construcción plural,
colectiva, unitaria. No digo que no haya dificultades y contradicciones, hay
muchas y habrá muchas más, porque los procesos no son lineales ni tan simples
como los quieren ver algunas personas. Los procesos son complejos: no nos
olvidemos que mientras estamos hablando de todo esto hay otros consensos que no
se han dormido. El consenso del capital transnacional, el consenso de la banca,
el consenso de los grupos militaristas, el consenso de todos esos grupos que
pretenden establecer al capitalismo como única opción de vida de la humanidad, a
pesar de todos los riesgos y amenazas que esto tiene.
Y en este sentido, para finalizar: todas estas propuestas de soberanía tienen
que ampliarse hacia la soberanía regional, seguimos viendo los pueblos vecinos
de la América Latina con miedo. Se deben construir espacios de soberanía
regional, es el camino más adecuado, no habrá opción alguna de largo plazo para
estos procesos revolucionarios, si no existe integración.
Para dar paso a un nuevo proceso civilizatorio, que –insisto– tiene que ser
plural y unitario, el camino es muy complejo y a la vez muy simple: la
construcción democrática de una sociedad democrática. Si alguna vez vamos a
hablar de socialismo, tomando las palabras de Boaventura de Sousa Santos,
tenemos que aceptar definitivamente que el socialismo es, ante todo, un proceso
de democracia sin fin.
Nota
[1] Me resulta difícil tratar de comentar un seminario-encuentro del cual no he
participado en todos los debates, así que mi presentación aquí será,
lamentablemente, muy corta, y sólo espero contribuir con mi aporte a la
discusión sobre un tema que nos interesa a todos: la construcción de
alternativas.
Transcripción de la conferencia dictada en la clausura del Encuentro
Latinoamericano del Foro Mundial de Alternativas, realizado en Quito del 26 al
29 de febrero de 2008.
Publicado en el
blog de Alberto Acosta dentro de
la página de la
Asamblea
Nacional Constituyente del Ecuador el 14 de julio de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
105 el 16 de julio de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |