|
El Mandato Agrario presentado por el gobierno para ser tratado en la Asamblea
Constituyente es un buen ejemplo para explicar la teoría del shock que presenta
con claridad Naomi Klein en su último libro, "La doctrina del shock: El auge del
capitalismo del desastre", y explica cómo se impuso el "libre" mercado a partir
de las teorías de Milton Friedman.
Esta teoría, aplicada en Chile, en Irak, en Nueva Orleáns, se fundamenta en la
idea de aprovechar las crisis reales, imaginarias o inventadas para aplicar
políticas de shock que consolidan al propio modelo económico y que pueden llegar
a parecer correctas por las circunstancias en que se presentan.
Esta forma fundamentalista del capitalismo siempre ha necesitado de la crisis
para avanzar... La atmósfera de crisis a gran escala ha sido y es el pretexto
necesario para asumir políticas económicas tecnocráticas, alejadas de la
realidad concreta, que terminan favoreciendo a grupos empresariales oligopólicos.
En este caso, la excusa es la crisis alimentaria global producida, no por la
falta de alimentos, sino por la especulación –hemos pasado de los años de la
especulación financiera a los años de la especulación alimentaria–. La solución
de shock que se busca implementar, que fue promovida por la FAO y rechazada por
millones de campesinos a nivel mundial, apunta a una nueva revolución verde, y a
los grandes productores de agroquímicos que, casualmente, son las productoras de
semillas transgénicas que monopolizan el uso de las semillas a nivel mundial.
En Ecuador esa política viene a través del Mandato Agrario (complementado por un
decreto presidencial que fomenta los biocombustibles) que favorecerá a los
fabricantes de agroquímicos y sus representantes locales, pero no servirá de
apoyo a las grandes mayorías rurales como los pequeños y medianos productores ni
se verá reflejado en una reducción de los precios de los productos al
consumidor.
Estas políticas de shock, instrumentadas después de acontecimientos de carácter
catastrófico como inundaciones por ejemplo, o crisis como la alimentaria, son
parte de lo que Naomi Klein denomina "capitalismo del desastre" y un ingrediente
importante de las políticas neoliberales. Es la utilización del Estado para
provecho de unos pocos.
Durante más de tres décadas, Milton Friedman y sus poderosos y fanáticos
seguidores perfeccionaron esa estrategia de esperar que se produzca o invente
una crisis para vender al mejor postor los pedazos del Estado, o colocar las
políticas estatales al servicio de grandes grupos privados.
La teoría del shock utiliza como argumento que "solo una crisis -real o
percibida- da lugar a un cambio verdadero", en palabras del propio Friedman,
quien asegura que "cuando esta crisis tiene lugar las acciones que se llevan a
cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente", por eso aduce que la
función de quienes defienden las políticas neoliberales es mantener "vivas y
activas" sus propuestas "hasta que lo políticamente imposible se vuelve
políticamente inevitable".
Eliminar los impuestos y dar una serie de prebendas a los importadores de
agroquímicos solo servirá para que importen más agroquímicos durante el periodo,
hagan un buen stock y ganen más y consoliden su modelo de agricultura que quita
toda autonomía a la agricultura campesina; pero no se reflejará en la reducción
del precio de los productos. Solo significa fortalecer el monopolio. Por lo
tanto es una apuesta a la especulación alimentaria, que se contradice totalmente
con la propuesta de soberanía alimentaria aprobada en la nueva Constitución. Y
se contrapone totalmente con el Mandato Agrario Alternativo elaborado entre una
gran unidad de organizaciones campesinas e indígenas, en pocos temas conseguida,
y que darían sustento a una política agraria diferente.
Agregarle unos articulitos del Mandato Alternativo para decir que fue tenida en
cuenta la voz de las organizaciones campesinas e indígenas es solo una
utilización de la propuesta de las organizaciones para hacer "que lo
políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable" como le gustaba a
Milton Friedman, y no cambia la esencia del mandato gubernamental, no deja de
ser una apuesta por las grandes agroquímicas y las grandes agroexportadoras (Alvaro
Noboa incluido).
Si el Mandato finalmente es tratado y aprobado, será un cierre muy triste de la
Asamblea Constituyente, porque los asambleístas estarían votando contra sí
mismos por pedido o imposición, como ocurrió con la amnistía a Gustavo Noboa.
Pero ahora no podrán decir luego de la votación "qué pena, no teníamos toda la
información", tampoco podrán aducir que les violaron su dignidad. De ahí en
adelante sería más honesto que asuman un discurso acorde con las circunstancias
y no utilicen un discurso de izquierda para justificar una acción de derecha..
Distribuido el 16 de julio 2008 en varias listas
de correo electrónico. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 106 el 23 de julio de 2008. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos. |